jueves, 25 de septiembre de 2014

Es el momento

Es el momento de la ciudadanía y de la participación, el momento de la gente y de la calle, el momento de recuperar la política y la democracia para la ciudadanía.
En eso parecen estar de acuerdo todos los partidos políticos de las izquierdas, incluido Podemos.
Pues bien, si eso es así, y yo así lo creo, el papel de los partidos políticos en los actuales procesos de confluencia -al menos en los municipios- no es liderar ni protagonizar, sino apoyar.
Algunas voces, desde Podemos Cádiz, por ejemplo, señalan que no apoyarán nunca un posible Ganemos Cádiz porque está impulsado por IU, que apoya los recortes y al PSOE en la Junta de Andalucía. Esas voces parecen venir de la "vieja política", de la vieja manera de pensar, de la vieja manera de entender la política como la negociación y el acuerdo entre partidos.
No, amigos y amigas de Podemos. No, amigos y amigas de IU. No, amigos y amigas de cualquier otro partido o grupo político.
Si cualquiera de vuestros grupos entiende así la cosa es que no ha entendido nada.
No se trata de que vuestros partidos lleguen a acuerdos entre ellos para ir juntos a las elecciones -municipales, por ejemplo- y nos llaméis a los ciudadanos y ciudadanas para apoyaros. No. Esa mercancía está ya caducada y hay muchos ciudadanos y ciudadanas que no vamos a comprarla.
Se trata de que los ciudadanos y ciudadanas de a pie, diversos y plurales, las gentes de los barrios, de los colectivos y movimientos sociales, sumen sus fuerzas y asuman su protagonismo para transformar la ciudad y -si ello es necesario- para ocupar también el poder político-institucional. Y que los partidos y grupos políticos les apoyéis y trabajéis para alcanzar ese objetivo, respetando -de verdad- el protagonismo y la participación de la gente. Porque vosotros y vosotras sois -además de militantes de uno u otro partido- gente de a pie, ciudadanos y ciudadanas ¿no es cierto?
Pues eso, que os queremos y esperamos apoyando a la gente, desde la humildad y la ausencia de protagonismo -cuya falta os han hecho tanto daño en el pasado- trabajando, en pie de igualdad, hombro con hombro, con la gente, como gente.
Y, como no os enteréis, como no lo entendáis, os espera un gran chasco.

jueves, 11 de septiembre de 2014

El camino de la confluencia

"La tolerancia es la capacidad de entenderse entre los afines para hacer frente a los antagonistas"
Paulo Freire

El camino de la confluencia de los movimientos sociales, de las fuerzas de cambio no va a ser fácil.
Y no solo porque las fuerzas de orden -dicho en sentido amplio, aunque también literal- están muy interesadas en que esa confluencia no cuaje y utilizarán cualquier recurso para ello: el miedo, el insulto, la mentira, la manipulación, la violencia incluso...
Tampoco será fácil en lo que se refiere a las personas, las organizaciones, los colectivos llamados a confluir.
Están quienes temen que la confluencia difumine sus expectativas de futuro, les robe protagonismo. Aunque con esa resistencia asuman la contradicción de negarse a recorrer -precisamente- el camino que dicen proponer.
Otros la miran como un salvavidas, esperan que la confluencia les permita eludir la temida deriva hacia la insignificancia. Aunque pronto descubrirán que cualquier tentación de manipulación oculta les conducirá más deprisa a ese mismo resultado y al fracaso de la propia confluencia.
También los hay que creen que la confluencia llevará directa e inmediatamente a la revolución, que todo cambiará de golpe y radicalmente en cuanto se unan las fuerzas de cambio, como si esperaran -parafraseando a Alinsky- una revelación. Su impaciencia, su prisa revolucionaria puede convertirse en un obstáculo para que nada cambie.
Muchos creen que la confluencia solo es cuestión de voluntad, que basta con querer para poder. Pero el voluntarismo se puede convertir fácilmente en frustración, especialmente cuando no se tienen en cuenta los obstáculos y resistencias realmente existentes.
En fin, que las dificultades serán máximas, aunque -como ya ha apuntado alguien- la confluencia sea una tarea imprescindible, no hay otra posible.
Pero -como también se ha dicho- el objetivo no puede ser solo ganar, sino construir la musculatura social sin la cual eso no sería posible y que será doblemente necesaria -precisamente- cuando ganemos.
Y todo eso significa un cambio en la cultura organizativa, en la cultura social y política de las personas y los colectivos que conforman eso que llamamos los movimientos sociales y las izquierdas.
Un cambio profundo, radical, revolucionario, que -para llegar a las organizaciones- ha de empezar necesariamente en las personas que las forman.
Será un camino difícil, para nada un llano sino con subidas y bajadas, con trampas y obstáculos, con avances y retrocesos.
Y deberán darse algunas condiciones necesarias para lograr el éxito.
Una de ellas es el respeto mutuo. Y eso implica también escucha. Y requiere humildad para reconocer que  cada persona, cada colectivo no tenemos toda la razón sino solo una parte.
También la disposición al aprendizaje es tan necesaria como la disposición al desaprendizaje. Porque necesitamos apropiarnos de nuevos valores, conocimientos y habilidades (la escucha, el acuerdo,  la cooperación...),  pero también abandonar muchos hábitos, vicios, rutinas... propias de una vieja manera de entender la acción social y la política.
El camino de la confluencia es también el de una revolución ética en las personas y las organizaciones que hemos de construirla.
Y se precisa de paciencia revolucionaria, hecha de la tolerancia que Paulo Freire proponía y de la constancia que no cede al desánimo, que no se rinde ante las dificultades.