sábado, 11 de enero de 2014

Buenas noticias virales

Me ha ocurrido muchas veces, pero cada vez que se repite sigue sorprendiéndome.
No se muy bien por qué me asombro pues parece que debiera ser lo normal.
Pero en este tiempo oscuro, cuando abunda el dolor y la tristeza, la bondad se revela más luminosa.
A lo que me refiero es a la fuerza magnética de las buenas noticias, al "efecto llamada" de la alegría sencilla que convoca a la gente y despierta empatías.
Un ejemplo de esto que digo son las imágenes, convertidas ya en un tópico, de las personas premiadas en la lotería de Navidad que llenan los informativos de televisión el 22 de diciembre.
Son imágenes conocidas, repetidas año tras año, fácilmente intercambiables.
Gente saltando de alegría, brindando por la buena fortuna, abrazándose entre risas y llantos, anunciando pequeños o grandes sueños que van a poder cumplirse.
Aunque no te haya tocado nada, aunque ni siquiera juegues a la lotería, es difícil no sonreír, no sentirse un poco afortunado ante esas explosiones de felicidad.
Otro ejemplo, más cotidiano, es el del éxito de las buenas noticias en las redes sociales.
Estos días pasados compartía yo las fotos con mi hijo Pablo, de vuelta a casa y a Cádiz después de más de un año de ausencia, emigrante -como tantos otros jóvenes de esta España antipática- en Dublín.
Y, de nuevo, la sorpresa por las decenas de reacciones y comentarios adhiriéndose a esta pequeña alegría familiar.
A mi también me gusta mucho sumarme a las buenas noticias de los amigos y amigas, hacerles sentir el calor de mi abrazo virtual o físico, no solo para acompañarles y reforzarles en sus felicidades, también en la certeza de que la alegría es contagiosa, que las buenas noticias son augurios propicios que convocan a otras también buenas y son la prueba evidente de que la bondad, la ternura y la belleza también existen.

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