viernes, 25 de enero de 2013

El cochecito

Mi amigo Pedro me invitó el otro día a subirme en el nuevo cochecito motorizado que ha sustituido a su vieja silla de ruedas.
Y yo me acordé de la mítica película de Marco Ferreri en la que Don Anselmo -el genial  Pepe Isbert- viaja de "paquete" en el cochecito de su amigo Lucas, como en la foto que acompaña esta nota, y sueña con conseguir el suyo propio para acompañar a sus amigos.
En plan de coña, yo he bromeado muchas veces con la fantasía de tener un "cochecito", y Nené me regaña siempre: "a ver si se va a cumplir lo que deseas".
Pero es un deseo irracional, romántico -como el de cantar en un trío de boleros- y lo se muy bien porque Pedro me recuerda que lo del cochecito no es ninguna bicoca, y mucho menos en una sociedad como la nuestra donde no caben las personas diferentes.
Pedro es un sobreviviente, de la poliomielitis, de un montón de operaciones, de un puñao de golpes de esos que da la vida... pero ahí está el tío peleando y repartiendo chistes y bromas, buscando pensamientos hermosos para servirles de altavoz, practicando la solidaridad con otros, apoyando la integración de las personas inmigrantes, el desarrollo en Africa, la apuesta por un mundo mejor, soñando siempre proyectos nuevos...
Somos amigos del Feisbú y cruzamos muchos "me gusta" y algunas músicas (es un lince, descubriendo joyas musicales), le gusta visitar este blog y dejar sus comentarios, pero, además, de vez en cuando nos vemos, compartimos algún encuentro sobre temas del mundo solidario, nos tomamos un chocolate con churros en pleno mes de agosto gaditano o nos montamos una cenita sevillana, y hablamos del mundo y de cómo se ve la vida desde la perspectiva de la silla de ruedas, desde la mirada de la gente con discapacidades.
El está hasta el gorro de pelear por la accesibilidad y la eliminación de las barreras arquitectónicas, y el otro día recordaba la sorpresa del Ayuntamiento de Sevillla cuando descubrieron que, sin querer, habían construido 90 km de aceras accesibles a cuenta del carril-bici. Les faltó tiempo para apuntarse el tanto y llenar el carril de logotipos de accesibilidad.
Porque las principales barreras -como bien sabe por experiencia- no son arquitectónicas sino mentales, están en las cabezas de quienes nos creemos gente "normal", de la ciudadanía no discapacitada, de nuestros representantes políticos... que ni siquiera "vemos" la necesidad de construir espacios y ciudades que faciliten la vida de las personas, de todas ellas. Eso si que es ceguera y discapacidad.

viernes, 18 de enero de 2013

Mosquitos mal avenidos

Desde la primera vez que la escuché, siempre me ha gustado la parábola del "Rinoceronte y la Nube de Mosquitos" que utiliza Mandred Max Neef para explicar la forma de combatir el neoliberalismo.
El dice, desde hace muchos años, que el capitalismo es como un rinoceronte desbocado y que la manera de enfrentarlo es atacarlo como una nube de mosquitos, por todas partes y al mismo tiempo, hasta hacerlo enloquecer y huir.
Porque -dice también- los mosquitos tienen dos cualidades fundamentales: aunque son extremadamente pequeños actúan unidos, y carecen de un jefe, de manera que, por muchos que mate el rinoceronte, no dejaran de asediarle.
Creo que la parábola viene muy bien para ilustrar la realidad de las fuerzas que pretenden construir otro mundo posible.
Nos habla de que, quienes intentan hacer frente al capitalismo depredador, son actores muy diversos, organizados en mil grupos diferentes, como los mosquitos de la nube.
Nuestro tiempo ya no es más el del partido único, la vanguardia leninista, el "centralismo democrático" y la dictadura del proletariado. La historia nos ha enseñado que en nombre de grandes objetivos de igualdad y justicia se pueden cometer las mayores brutalidades, sofocando la libertad y el pensamiento crítico, compitiendo en crueldad e infamia con aquello que se pretendía combatir.
El siglo XX nos vacunó -afortunadamente- contra los modelos organizativos autoritarios basados en la renuncia a pensar por uno/a mismo/a, en la obediencia ciega al líder.
Así pues, la diversidad de los mosquitos, lejos de ser un obstáculo, se revela hoy como un valor fundamental... siempre que sean capaces de actuar unidos.
Pero, mientras el rinoceronte arremete con más fuerza que nunca, los mosquitos del siglo XXI están disputando entre ellos, divididos, debatiendo si han de atacar con sus aguijones primero a los ojos o a los testículos de la bestia.
Se trata, sin duda, de un vicio residual del pasado, de una reminiscencia de la incapacidad histórica de la izquierda para reconocer la diversidad -el disenso, la discrepancia- sin comprometer por ello la unidad de acción.
Es bien sabido que la izquierda ha crecido frecuentemente por vía de la escisión y el cainismo.
Cuando yo era muy jovencito, en las postrimerías del franquismo, proliferaban los grupúsculos que empleaban buena parte de su tiempo "revolucionario" en afirmarse frente a otros. Uno de los que mejor recuerdo era el PAP, el "Partido Auténtico del Proletariado". Eran poco más de cinco o seis personas, algunas de las cuales acabaron después en los sectores más reaccionarios del pensamiento político. Se autoproclamaban, como su propio nombre indicaba, los genuinos representantes de la clase obrera. Pero lo más divertido es que se disputaban esa condición con otros partidos igualmente "auténticos".
Recuerdo ahora aquella situación ridícula porque aún hoy seguimos discutiendo sobre "autenticidades" y "purezas", y siguen surgiendo nuevas organizaciones políticas que nacen de la negación del otro.
No digo que ese sea el caso, pero en estos días se ha presentado el Partido-X, Partido del Futuro, y su aparición ha disparado las polémicas, las adhesiones entusiastas y las críticas despiadadas.
A mi también me plantea dudas y preguntas, que espero resolver con el tiempo, pero me parece que, para empezar, hay que reconocerles una cosa: están removiendo la reflexión y el debate, aunque no sea siempre respetuoso.
Y, por otra parte, creo que -con todas las incongruencias y contradicciones que puedan tener- ponen el acento en una cuestión clave: la necesidad de cambiar radicalmente la forma de hacer política ("abierta, horizontal, transparente, cooperativa y respetuosa").
Volviendo al rinoceronte, creo -en mi modesta opinión- que, en estos tiempos de confusión, hay al menos tres cosas que los mosquitos podemos tener claras:
  • Nuestros sueños: el objetivo urgente de cambio y transformación de la realidad para construir otro mundo posible. O paramos al rinoceronte desbocado o nos conduce directamente al desastre.
  • Nuestra incertidumbre: no tenemos ni puñetera idea de cómo vencer al rinoceronte. Las viejas respuestas ya no funcionan. Hay que construir nuevas estrategias y formas de acción política. 
  • La plena convicción de que esas estrategias, el camino para la transformación social, para acabar con el rinoceronte, hay que construirlo entre todos y todas, uniendo voces, sumando fuerzas, desde la participación ciudadana  y la inteligencia colectiva, desde el respeto a la diversidad.    
Creo que, en la izquierda -o, si se prefiere, en las fuerzas políticas transformadoras (por oposición a las conservadoras)- siguen sobrando protagonismos, prepotencia y sectarismos, estereotipos y prejuicios, simplificaciones burdas que reducen al otro a una caricatura.
Y falta humildad, escucha activa y respeto por el otro.
Como ya preguntaba hace algún tiempo: ¿seguro que nuestro principal enemigo es el rinoceronte?

viernes, 11 de enero de 2013

Pobres con clase

En los medios de comunicación se ha hablado estos días de la "estigmatización" de la nueva pobreza, de la vergüenza que tiene mucha gente de reconocer que lo está pasando mal, que necesita ayuda.
Si ya es una putada estar en paro, no poder pagar la hipoteca o el alquiler de la vivienda, carecer de medios para atender a las necesidades básicas... además, esta mal visto ser pobre.
En la sociedad consumista hay que consumir, cambiar de móvil, de coche, vestir a la moda, tener una televisión de plasma de 108 pulgadas, o varias... Es la cultura del "usar y tirar".
Se trata de transmitir una imagen de poderío, de éxito económico. Y si no puedes seguir el ritmo del consumo, entonces eres una mierda, no vales nada.
Claro, así se entiende la frustración, la vergüenza de tanta gente que tiene que recurrir a los bancos de alimentos, a los comedores sociales, a la ayuda social... para poder sobrevivir.
Pero conviene recordar que todo eso es basura ideológica, pura comedura de coco para espolear nuestro miedo, el silencio y la sumisión.
La sociedad del derroche es una gran mentira, porque es insostenible, solo puede mantenerse a costa de que unos pocos acumulen mucho y otros muchos carezcan de lo necesario.Y, además, es altamente peligrosa porque -aunque hubiera dinero para toda la gente y capacidad ilimitada de consumir- no hay planeta que resista los crecientes niveles de consumo.
Por eso se impone apostar por el decrecimiento y sus 7 "erres": Revaluar (revisar nuestros valores), recontextualizar (modificar nuestras formas de interpretar la realidad), reestructurar (adaptar las estructuras económicas y productivas al cambio de valores), relocalizar (producción y consumo a escala local), redistribuir (el acceso a los recursos), reducir (limitar el consumo), reutilizar (tender hacia bienes durables y a su reparación y conservación) y reciclar (en todas nuestras actividades).
Todo eso no es un nuevo invento, ya lo conocíamos, aunque lo hayamos olvidado.
Cuando yo era chico, se heredaba el abrigo del abuelo (señal de que era un gran abrigo), se cogían los puntos de las medias, se le daba la vuelta al cuello y los puños de las camisas, se hacían croquetas con los restos del cocido... Y eso no era un desdoro para nadie.
Como dice uno de los lemas del decrecimiento: "vivir con menos es mejor".
Es preciso poner de moda la austeridad y el reciclaje, recuperar la dignidad de la pobreza.
No hemos de avergonzarnos de ser pobres, de vivir con lo necesario, con lo justo.
Pero, eso si, hemos de ser "pobres con clase", con conciencia de clase, conscientes de que unos pocos -la clase alta, nuestro "enemigo de clase"- acumulan mucho más de lo que necesitan, a costa de que muchos carezcan de lo básico, de poner en peligro el medioambiente y la supervivencia de la especie humana.

viernes, 4 de enero de 2013

Pobres ricos

La otra tarde, después de una de esas comilonas familiares propias de estas fechas, andaba zapineando -aburrido- en casa de mi cuñada, cuando dí con un programa de televisión alucinante.
Se llama "Hijos de Papá" y lo echan en Cuatro.
El objetivo del programa -según leo en su página web- es que un grupo de jóvenes, hijos de padres ricos, aprendan a trabajar y valerse por si mismos, aunque sospecho -a la vista del personal participante- que se trata de una misión imposible y lo que realmente se busca es hacer un seguimiento de sus vidas cotidianas -en lenguaje televisivo: un "reality"-  para goce y disfrute cotilleril del público televidente.
El programa fue líder de audiencia entre la población juvenil -de entre 14 y 34 años- el pasado año, en su primera temporada, y es una auténtica exhibición de pijerio, ostentación, banalidad, derroche, pobreza mental y desvergüenza.
Parece, y no lo digo solo por ese programa, que los ricos del mundo están creciditos, van de sobraos, sacando pecho, sin el más mínimo empacho de exhibir sus impúdicas fortunas mientras otra mucha gente pasa hambre. Se la suda la crisis.
Aquí en nuestro país circula una lista -procedente de las investigaciones del periódico New York Times- con los nombres de un buen número de defraudadores de impuestos, con cuentas secretas en Suiza, entre los que destaca el banquero Emilio Botín. Un auténtico procer, todo un ejemplo a seguir.
También son ejemplares los casos de otros personajes, como Gerad Depardieu y otros muchos en Francia (de España no tenemos datos), que se niegan a pagar más impuestos, se exilian y adquieren la nacionalidad rusa. Patriotas.
Pobre ricos: no tienen otra religión, otra patria, otra moral, otra ambición que no sea la acumulación de dinero.
Pienso, tal y como afirmaba recientemente Carlos Susias, que "la erradicación de la pobreza extrema es sobre todo cuestión de luchar contra la extrema riqueza."
Pero, claro, en esta sociedad en la que, como decía Warren Bufett, uno de los hombres más ricos del mundo, "la lucha de clases sigue existiendo, pero es mi clase la que la dirige y la que la va ganando", hay un nuevo tema tabú, del que se ha dejado de hablar, que es el del reparto, la redistribución de la riqueza.
Se da por hecho, como si fuera una maldición divina o un fenómeno de la naturaleza, que "siempre habrá ricos y pobres".
No se si en la selección de los participantes de "Hijos de Papa" se han buscado los perfiles más superficiales y vacíos, a los personajes más pijos o frikis, o si son representativos del cachorreo ("jóvenes cachorros") de las capas más pudientes de nuestro país.
Si fuera lo último, si estos jóvenes van a ser los futuros dirigentes patrios, no nos queda otro remedio que salir huyendo o hacer ya mismo una revolución en condiciones (con campos de reeducación incluidos).
Por eso, estoy por proponerle al ministro Wert, ahora que se ha cepillado la Educación para la Ciudadanía, que se convierta en obligatorio el visionado del programa en las escuelas, en el convencimiento de que puede contribuir poderosamente a animar la lucha de clases y al triunfo de una revolución igualitaria en nuestro país.