viernes, 31 de agosto de 2012

Instrucciones para avistar estrellas fugaces

Como dice el maestro Liniers...
Las estrellas fugaces son raras de ver.
Esa es una de las razones por las que son tan apreciadas. Y también porque, cuando logramos verlas, nos conceden los deseos que les pedimos.
Hay estrellas fugaces grandes y pequeñas. Las pequeñas son especialmente fugaces, duran solo un instante, como un destello en la oscuridad de la noche. Las grandes, sin embargo, cruzan todo el cielo dejando tras de si una larga estela de luz.
Para poder avistarlas es conveniente tener en cuenta algunas sencillas instrucciones:
Primero.
Es necesario que sea de noche. Y no basta con ello, ha de ser una noche despejada, sin nubes en el cielo. Y mejor todavía si es una noche sin luna.
Segundo.
Las estrellas fugaces (no me preguntes por qué) no se ven en cualquier época del año. El verano es la estación más propicia, especialmente hacia mediados del mes de agosto, en torno al día de San Lorenzo.
Tercero.
El lugar más apropiado para verlas es cualquiera que esté alejado de la luz de las ciudades y las casas donde viven las personas. El campo abierto, una pradera de montaña, el claro en el bosque, una playa desierta...
Cuarto.
Lo mejor es estar tumbados, en el suelo, en una manta, en una tumbona o hamaca, de manera que nuestros ojos apunten naturalmente al cielo. De otra forma, si forzamos la posición de la cabeza, nuestras cervicales se resintirán al poco tiempo y aquello dejará de ser placentero.
Quinto.
Es imprescindible la paciencia. En este asunto, de nada valen las prisas. Las estrellas fugaces no siguen horarios precisos ni frecuencias determinadas, son caprichosas e imprevisibles. Surgen en el cielo cuando menos las esperas.
Sexto.
El silencio, disfrutando de los sonidos de la noche, es recomendable, aunque también puede escucharse una música inspiradora que abra nuestros sentidos y nuestro corazón. No conviene, aunque estemos en compañia de un amor o de un amigo (lo cual intensificará nuestro bienestar) entregarse a la conversación, pues ésta distraerá nuestra atención.
Séptimo.
Efectivamente, es necesario mantener la mirada atenta al cielo. Abierta, no centrada en ningún punto concreto, ejercitando nuestra visión periférica. Las estrellas fugaces aparecen por cualquier lugar del cielo, donde menos te lo piensas, en cualquier momento.
Octavo.
Y, aunque las esperemos, aunque hayamos ido allí, en aquél momento, precisamente para verlas, debemos disponernos por completo a la sorpresa. Porque las estrellas fugaces llegan siempre acompañadas de la sorpresa.
Noveno.
Así mismo, debemos tener preparados nuestros deseos (varios, por si avistáramos muchas estrellas) porque éstos deben ser formulados, en silencio, con una voz interior, íntima, en el mismo momento que descubrimos la estrella.
Décimo.
Si, después de seguir estas instrucciones, no consigues ver ninguna estrella fugaz (recuerda que son raras, escasas) no te lamentes. Si lo consideras un solo instante, te darás cuenta de que has estado dejando vagar tu mirada por la noche, y ahora son millones de estrellas -aunque no sean fugaces- las que puedes ver en el cielo, llenando tus ojos, confundiéndote con el universo, llenándote de paz.