sábado, 31 de marzo de 2012

Mensajes post-electorales en una botella virtual

Los resultados de las elecciones andaluzas han sido una sorpresa.
No se ha cumplido ninguna de las previsiones de los sondeos.
En la noche electoral, las caras de unos, pese a felicitarse por la victoria, parecían de duelo. Las de otros, que se imaginaban ya apeados de los sillones del poder, no podían ocultar la alegría, pese a la derrota.
Pero, tras la sorpresa, y aprovechando la perplejidad general, me atrevo a meter en esta botella virtual algunos mensajes, a ver si -por casualidad- llegaran a su destino.

A los señores y señoras del PP, dos recomendaciones. La primera es que -despues de cuatro fracasos- cambien de candidato. El señor Arenas nunca podrá representar el futuro. Ha habido mucha gente que se lo ha imaginado de presidente y esa posibilidad les ha convencido de no votarlo (o votar a la contra). Pero, sobre todo, y ahi va lo más importante, olvidense de ganar ninguna elección en Andalucía mientras los miembros de su partido y de la ultraderecha respondan a cada una de sus derrotas en las urnas con insultos a los andaluces y andaluzas. Tienen ustedes muy mal perder y se les ve el plumero. Se les nota de lejos la prepotencia, los prejuicios, la ignorancia, el desprecio por Andalucía.

A los señores y señoras del PSOE, otra recomendación. Conviene que cuenten sus votos y sus escaños: han perdido ustedes muchos. Comprendo que, como pensaban que la cosa iba a ser mucho peor, se les vea cara de alivio. Pero no se confundan: lo suyo es para preocuparse. O cambian ustedes, sus políticas y su forma de gobernar, o el futuro que les espera será negro. Les faltan a ustedes valores, ideas, transparencia, escucha activa, participación y democracia interna... Les sobran inercias, rutinas, nomenklaturas y aparatos, componendas, corruptelas... Los electores les han dado una nueva oportunidad, casi seguro que es la última.

A los señores y señoras de IU, vaya por delante la enhorabuena: doblar el número de diputados electos no es poca cosa. Pero tampoco deben equivocarse: muchos de los nuevos votos que han recibido son "prestados", son de gentes descontentas con el PSOE que, con cierta facilidad, pueden devolvérselos o prestárselos a otros, o quedarse en sus casas... si ustedes defraudan su confianza. También ustedes tienen mucho que cambiar. En su ambición de poder y sus disputas internas, en sus tics autoritarios, se parecen demasiado a quienes ustedes critican.

A los otros partidos progresistas un consejo: las actuales reglas de juego electoral hacen muy difícil que un pequeño partido pueda conseguir representación, más allá de lo testimonial. Es injusto, ciertamente, pero mientras no cambien esas reglas, tal vez su esfuerzo deba dedicarse a sumarse a otros pequeños partidos, a formar coaliciones, a condicionar los programas de los partidos más grandes. Si ustedes no suman, restan. Y eso solo genera frustración, a ustedes en primer lugar y al conjunto del electorado progresista también.

Un mensaje de respeto, por último, para los y las abstencionistas conscientes (y aclaro lo de "conscientes" porque alguien ha querido meter en un mismo saco a todos y todas los abstencionistas, y eso no vale: desgraciadamente, hay un alto porcentaje de gente que no vota porque "se la suda la política", pasan de todo).Prefiero cien veces a quien no vota pero lucha todos los días, que a quien vota cada cuatro años y no vuelve a mover un dedo el resto del tiempo. No me producen respeto alguno quienes no votan y no hacen nada, solo quejarse. Y me pregunto si no es posible luchar todos los días y utilizar también el voto como otra forma más de lucha política.
 

viernes, 23 de marzo de 2012

Decidiendo el voto



El domingo hay elecciones en Andalucía y yo -como he hecho siempre- votaré.
En realidad, lo de limitarse a votar cada cuatro años me parece una perversión de la democracia, que no llega siquiera a ser "representativa" sino, como mucho, "delegada": mucha gente deposita el voto y delega su responsabilidad política -hasta las próximas elecciones- en las personas elegidas.
Pero, aunque me parezcan claramente insuficientes, soy consciente de que en las elecciones se juega mucho, demasiado, como para "pasar" de ello.
Cada elección produce el resultado de un determinado escenario de mayorías y minorías que deciden muchas cosas de la vida cotidiana, la mía y la de mis conciudadanos y conciudadanas.
Es verdad que, cada vez en mayor medida, las decisiones importantes no las toman quienes gobiernan los municipios, las regiones o, incluso, la nación. Descubrimos día a día que son los "mercados" (o sea: las grandes corporaciones, los especuladores financieros, las grandes fortunas...) quienes deciden la marcha del mundo, eso si, con la complicidad o el respaldo de los gobiernos que velan por sus intereses (aunque digan proteger los nuestros, los de todos y todas).
A pesar de ello, sigo pensando que la parcela de lo que se decide en cada comunidad local, regional o nacional, es todavía suficientemente significativa como para no menospreciar su importancia.
Y, además, no se me ocurre como se puede transformar la realidad, construir otro mundo posible, si no es empezando por lo más cercano, cambiando tu barrio, tu pueblo, tu ciudad...
Asi que, por esas razones, aunque sea con poco entusiasmo, sigo votando en cada elección que llega.
Pero cada vez es más complicado lo de decidir el voto.
Un criterio puede ser la afinidad ideológica, el grado de identificación con las ideas defendidas por las distintas candidaturas.
Claro que, últimamente, las campañas electorales están llenas de eslóganes publicitarios, de discursos propagandísticos, y huérfanas de ideas. Y, además, hemos aprendido que una cosa es lo que se dice en los discursos y otra lo que se hace a la hora de gobernar.
Entonces, tal vez, debamos atender a la ética, al compromiso de las diferentes candidaturas con los valores de honestidad, decencia, buen gobierno, transparencia...
Claro que los partidos parecen competir en desfachatez y ponen verde al contrario cuando en sus propias filas abundan los ejemplos de corrupción y abusos de poder.
Bueno, entonces tendremos que observar atentamente los programas, las propuestas concretas que cada partido propugna para dar respuesta a los problemas y necesidades de la gente.
Claro que también hemos aprendido que los programas electorales son papel mojado, que se puede jurar que no se subirán los impuestos para hacerlo al día siguiente de ganadas las elecciones, que se pueden incumplir, sin sonrojarse, todas las promesas hechas.
Quizás no quede otro remedio que comprobar la confiabilidad de las personas, de los diferentes candidatos y candidatas, prestar atención a su trayectoria personal y política.
Claro que los partidos no elaboran sus listas electorales atendiendo a los méritos y la calidad humana y política de sus candidatos. Sus listas son cerradas, confeccionadas por el aparato, por la dirección de cada partido. No se busca el espíritu crítico, la creatividad y la capacidad de liderazgo social, sino que se premian la fidelidad, la subordinación, la disciplina... Así que, en el mejor de los casos, junto a gentes honestas y brillantes aparecen otras muchas mediocres y corruptas, como la experiencia ha venido a demostrar.
En fin, siempre nos quedará la opción de "votar a la contra", para que no salga elegido ese partido que representa -en opinión de cada cual- lo peor del pensamiento y la práctica política. O votar "al mal menor", o sea, a quien previsiblemente hará menos daño o perjudicará menos los objetivos con los que cada cual se identifica.
Así que, el próximo domingo, me dispongo -una vez más- a taparme las narices y depositar mi voto en la urna. Y me temo que este será también el caso de otras muchas personas (de las que votan, que otras muchas se quedarán hastiadas en sus casas).
¿Y esto es lo que, con toda probabilidad -y recurriendo al tópico- llamarán "la fiesta de la democracia" los medios de comunicación?
Pues vaya fiesta de mierda.

jueves, 15 de marzo de 2012

¡Viva la Pepa!

Hace algunos años se anunció la celebración del Bicentenario de la Constitución de 1812 como una especie de compensación a Cádiz por los olvidos de 92, cuando los fastos del Quinto Centenario del Descubrimiento de América (¿no sigue sonando algo raro?), con su alarde de equipamientos e infraestructuras públicas, pasaron de largo por esta ciudad.
Así que los politicos utilizaron los referentes de la Expo de Sevilla o el Forum de Barcelona, para engordar la expectativa de una efeméride que iba a cambiar el rostro de la capital gaditana, incorporándola de golpe a la modernidad.
Llegaría el tren de alta velocidad a Cádiz, se construiría un segundo puente para unir la ciudad -que es una isla- al continente, contaríamos con un nuevo hospital y nuevos equipamientos culturales, se procedería a la rehabilitación del Castillo de San Sebastián, se sucederían multitud de grandes acontecimientos culturales y sociales -entre los cuales una Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno- congresos y un sinfín de eventos más.
Pues bien, ya está aquí el Bicentenario, dentro de pocos días se conmemora aquél acontencimiento histórico.
Pero el AVE no llegará a Cádiz hasta dentro de algunos años, el segundo puente no se terminará hasta -al menos- dentro de 15 meses, del nuevo hospital y otros equipamientos prometidos nadie habla ya, el Castillo de San Sebastián terminará de rehabilitarse algún mes de estos (aunque nadie sabe que uso se le dará después), y los grandes acontecimientos que se nos anunciaban se han quedado en la mitad de la mitad de la mitad.
Todavía hoy, a tres días escasos del magno evento, el monumento del Centenario, en la gaditana Plaza de España, continúa rodeado de andamios instalados para su limpieza y rehabilitación, y la Plaza de San Juan de Dios, donde se encuentra el ayuntamiento de la ciudad, está totalmente levantada y vedada al paso, porque a alguien se le ocurrió que la conmemoración era una buena excusa para cambiar toda su solería y urbanización, aunque no hiciera falta alguna.
Claro que, nutridas brigadas de operarios se están encargando de que, aunque sea trabajando día y noche, ambos espacios estén listos -o al menos así lo parezca- para su inauguración solemne en el gran día.
Hay que decir, para ser justos, que se ha cruzado por medio la crisis económica, frustrando o dilatando muchos de los planes previstos.
Pero, para ser justos también, la preparación del Bicentenario ha sido, durante todos estos años, un magnífico ejemplo de inoperancia y politiqueo.
Y, siguiendo con la justicia, el despropósito ya se inició con las promesas gradilocuentes, la venta de humo al pormayor y la exaltación del patriotismo de casapuerta en las que compitieron los políticos oportunistas.
Pero, quizás, no exista tal contradicción sino que la auténtica intención de los promotores del festejo fuera celebrar la chapuza, la improvisación, el desorden, el abandono... de los que ha llegado a ser sinónimo aquél grito histórico: ¡Viva la Pepa!  

sábado, 10 de marzo de 2012

Disculpenme que no escriba hoy

Disculpenme que no escriba hoy.
Es que no estoy de buen ánimo. Las cosas no van bien, me duele la pierna, me llora el ojo izquierdo, y -sobre todo- no se me ocurre nada.
Tal vez pudiera decir algo sobre lo que está pasando en mi país o en el mundo, pero me repetiría. Siento que ya he vomitado aquí, demasiadas veces, toda mi rabia contra la sinrazón del tiempo que vivimos. Parece que no se va a acabar nunca, aunque a mi se me han agotado las palabras.
O, quizás, pudiera contarles de las pequeñas felicidades o de las tristezas de mi vida, de los logros y fracasos personales. Pero también me repetiría, y, además, todo se mezcla hoy en mi cabeza, todo es confusión y no acierto a distinguir unos de otros (me acuerdo de aquél profesor irlandés que nos descubrió aquello de que "la confusión es el estado natural del ser humano").
No es que crea que mi pequeña vida pueda tener algún interés para ustedes.Aunque si he observado que, cuando escribo de mi, de mis sentimientos íntimos, de mis cosas personales, a muchos de ustedes les mola. No me pregunten por qué, yo no puedo entenderlo.Puedo ser un poco vanidoso, pero no tonto, y se que mi vida es corriente y vulgar como muchas.
Será que todas las personas somos algo voyeristas, que nos gusta husmear en las vidas de las otras personas, comprobar que padecen los mismos dolores, las misma miserias que tu.
Pero no, hoy tampoco voy a escribir de mi.
A lo mejor, podría hablar -como en otras ocasiones- de la naturaleza, del mar cercano, de su belleza y su poder benéfico. Pero hoy el día ha salido gris y ventoso e invita a la nostalgia, a la melancolía (aunque la foto del mar es muy bella, ¿no?, y pareciera un cuadro acuático de Carmen Bustamante).
En fin, que tampoco voy a escribir del mar, ni de mi, ni del mundo, que hoy no quiero escribir de nada (aunque para decírselo a ustedes, haya empleado tantas palabras).
Ustedes me disculparán.