viernes, 27 de enero de 2012

¿Creerán que somos tontos (y tontas)?

A veces, cuando les veo en la televisión diciendo esas cosas que dicen, pienso que en cualquier momento se les va a escapar la risa.
Que se les va a notar que no se lo creen.
Que piensan que los ciudadanos y ciudadanas somos tontos (y tontas).
Que cualquier mentira cuela.
¿Se piensa Maria Dolores de Cospedal que somos tontos (y tontas) cuando se pregunta públicamente quién va a devolverle la honorabilidad a Francisco Camps? ¿Cree que padecemos sordera o amnesia, que no vamos a acordarnos de las conversaciones obscenas que hemos escuchado durante el juicio de Valencia?
¿Se piensa la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, que somos tontas (y tontos) cuando propone cubrir con personas voluntarias la prestación de ciertos servicios públicos?  ¿Creerá que desconocemos la fortuna que acumula su marido "trabajando" como asesor de distintas empresas de dudosa ética, sin dejar de cobrar su pensión como expresidente? ¿Trabajará él como voluntario en alguna biblioteca pública o en alguna piscina municipal? ¿Renunciará ella a su salario para dedicarse voluntariamente a la alcaldía?
Y Francisco Guerrero, ex director general de Trabajo de la Consejería de Empleo de la Junta de Andalucía... ¿creía que los ciudadanos y ciudadanas somos tontos y tontas cuando repartía subvenciones a las empresas ficticias de su chofer o colaba fraudulentamente en distintos ERE a amiguetes varios? Y, sus jefes en la Junta de Andalucía o en su partido, sus compañeros y correligionarios... ¿pensaban acaso que nunca nos íbamos a enterar de los chanchullos sistemáticos que se andaban perpetrando?
La lista podría crecer con más y más ejemplos, de todos los colores y partidos, hasta demostrar que, efectivamente, los políticos y las políticas de este país muchas veces se creen que los ciudadanos y las ciudadanas somos tontos (y tontas).
Son muchas las cosas de la situación actual que me indignan, pero la que más -sin duda- es la sensación de que quienes nos gobiernan -o pretenden hacerlo- no nos tienen ningún respeto, de que creen que todo vale, que tragaremos con todo.
Tal vez tengan razón.

domingo, 22 de enero de 2012

Terapia Antishock

Hace unos días vi por la tele el documental "La doctrina del shock", basado en el libro del mismo título, en el que Naomi Klein nos descubre algunas de las claves que se esconden tras la economía neoliberal que rige nuestro presente.
Sostiene, con datos contrastados, que el neoliberalismo, inspirado en las teorias del economista Milton Friedman pretende acabar con los derechos socioeconómicos y sociopolíticos de la población, mediante impactos en la psicología social -shocks- derivados de desastres o contingencias (guerras, 11-S, desastres naturales...) de manera que, ante la conmoción y  la confusión que provocan, se puedan hacer las reformas más impopulares sin resistencia social.
Dicho de otra forma: el miedo, la represión, la incertidumbre... como armas del "capitalismo del desastre", como forma de hacernos tragar la pérdida de derechos y libertades, de aceptar la precariedad o la pobreza, el reparto injusto de la riqueza.
No se si todo lo que cuenta Naomi Klein es cierto, pero si creo que la crisis actual es posible -y muy rentable para el gran capital- porque el miedo se utiliza de manera sistemática para mantener sumisa a la población.
Efectivamente, lo han logrado: cada día nos bombardean con malos augurios, con oscuras previsiones, y en las conversaciones de los bares, en los autobuses, en la cola del pan... lo que puede palparse es el miedo generalizado al futuro.
En el mismo documental, se recuerda la famosa frase del presidente Franklin D. Roosevelt en la que, ante la depresión derivada del crack económico de 1929, prevenía a los norteamericanos: "de lo único que tenemos que tener miedo es al propio miedo".
Estoy de acuerdo y creo que hemos de hacer lo que sea para combatir ese miedo que quieren inyectarnos, así que me atrevo a invitar a los lectores y lectoras de este blog a proponer y compartir medidas de "terapia antishock". Aquí van algunas:
  • No creerse la mentira de que somos culpables de lo que está pasando: los culpables son los banqueros y los grandes especuladores, codiciosos e insaciables en su afán de enriquecerse, y los gobernantes complices que han tolerado o apoyado este estado de cosas.
  • No creerse que no hay otras alternativas posibles. Las hay, y tienen que ver con repartir y compartir, con la solidaridad y el apoyo mutuo, con la convivencia y la fraternidad, con la igualdad y la justicia...
  • Hacer más y más cosas junt+s, colectivamente: celebrar, festejar, bailar, cantar, crear, hacer música, pintar murales, cocinar, comer, construir cosas (proyectos, alternativas...)...
  • Reciclar, reutilizar, reparar, aprovechar y compartir los recursos existentes, alargar la vida útil de los aparatos, de los objetos...
  • Negarse a seguir el juego: no derrocho, no consumo, no pago...
  • Reirnos mucho, divertirnos, jugar, disfrutar de las cosas sencillas...
  • Frecuentar a los amigos y amigas, hacer nuevas amistades, multiplicar los espacios y momentos para el encuentro interpersonal, comunitario, para la convivencia, para cuidarnos mutuamente...

sábado, 14 de enero de 2012

El cuento de la participación ciudadana

Érase una vez en Cádiz un edificio público histórico (de la época de Carlos III) que había sido hospicio, manicomio, escuela...
La Diputación Provincial, titular del edificio, en una maniobra de dudosa legalidad  -pues el edificio fué donado "al pueblo de Cádiz"- lo vendió a una empresa hotelera (Zaragoza Urbana S.A) para la construcción de un hotel de lujo.
Dicha empresa solo hizo un pequeño pago a cuenta de lo acordado, y al cabo de poco tiempo renunció a construir aquel hotel y declaró su intención de reintegrar la propiedad del edificio a la Diputación, cosa que no llegó a hacer nunca.
Total, que -entre pitos y flautas- desde hacía 10 años el Hospicio Valcarcel estaba abandonado y en plena degradación.
Entonces, un grupo de muchachos y muchachas -con ayuda de otras gentes más "talluditas"- ocuparon el edificio abandonado.
Lo primero que hicieron fué limpiarlo de escombros y de toda la porquería acumulada en tantos años en los que las palomas habían hecho suyo aquél lugar.
Luego pusieron en marcha un amplio programa de actividades gratuitas y abiertas para la ciudadanía: una ludoteca, una biblioteca, salas de reuniones, espacios para asociaciones y colectivos ciudadanos, talleres y cursos de temáticas muy variadas, salas de ensayo para grupos populares de Carnaval, grupos de refuerzo escolar, proyecciones de cine, recitales de música y poesía, charlas y conferencias...
Aquel "Valcarcel Recuperado" se organizaba mediante una asamblea y distintos grupos abiertos que se repartían las tareas informativas, de limpieza, de coordinación de las actividades, etc.
Por supuesto, no todo fueron luces, también hubieron sombras, malos rollos, conflictos... como en cualquier proyecto humano colectivo, como corresponde en cualquier escuela de participación ciudadana que se precie, en la que siempre se aprende más de los errores que de los aciertos.
Pero un día, después de casi siete meses, los poderes públicos, con la complicidad de aquella empresa que había dejado abandonado el edificio y de los jueces, decidieron desalojarlo, con el pretexto de "velar por la seguridad de las personas" que participaban en las actividades. Aunque podemos sospechar -porque las condiciones de seguridad habían sido acreditadas por personas expertas- que lo que no soportaban es que aquellas gentes y aquella experiencia de participación pusieran en evidencia, día tras día, su abandono del patrimonio público y de los intereses de la ciudadanía, su ineficacia en la creación de alternativas para el ocio y la cultura popular, su incapacidad para poner en marcha procesos de participación tan vivos y auténticos como aquél.
Asi que echaron mano de la policía -mucha mucha policía- para acabar con la experiencia, desalojar el edificio, clausurar sus puertas y ventanas, y devolverlo al abandono.
Y, colorín colorado... ¿este cuento se ha acabado?

miércoles, 11 de enero de 2012

Ustedes me perdonarán

La foto acompaña la noticia de la constitución de una nueva Plataforma del Tercer Sector, que agrupa y "representa" al conjunto de las principales ONGs de caracter social en nuestro país.
Vaya por delante que soy un acérrimo partidario de la cooperación entre las organizaciones solidarias.
Me parece que -el de la suma de esfuerzos- es el único camino para avanzar en la construcción de ese otro mundo posible que todas las organizaciones solidarias dicen perseguir.
O sea, por razones de coherencia y de eficacia: ¡viva el trabajo en red!
Pero, ustedes (señores de la foto) me perdonarán: la imagen que, en esta fotografía institucional, proyectan del Tercer Sector de nuestro país es machista y viejuna.
Me explico.
Son ustedes -todos- varones, como si esto de dirigir las organizaciones solidarias fuera "cosa de hombres".
Ninguno de ustedes cumple los cincuenta y la mayoría tampoco los sesenta. Y no es que tenga nada contra las personas "de edad avanzada" -de hecho formo parte de ese ilustre colectivo- pero es que pareciera que esto de las organizaciones solidarias es para la "tercera edad".
Todos ustedes gastan un "tipo" -que se diría en Cádiz- de gente trajeada y encorbatada (solo uno rompe la regla) "como dios manda" (que diría Mariano). Total, que parecen ustedes subsecretarios o altos funcionarios de algún ministerio, más que activistas sociales.
En fin, que ustedes me perdonarán, pero su imagen me da un poquito de repelús. Como si la foto fuera para diasuadir a cualquier jóven, mujer o persona "informal" que quisiera sumarse a la tarea de las organizaciones solidarias.
¿No creen ustedes que va siendo hora de una renovación generacional y de imagen de las ONGs? ¿No piensan que ya va haciendo falta abrir puertas y ventanas en las organizaciones solidarias, dejar que entre el aire fresco, las nuevas ideas, las nuevas formas?
Con perdón.

jueves, 5 de enero de 2012

Carta a los Reyes (Magos)

eneko en 20minutos.es
La verdad es que no creo en vosotros hace un montón de años.
Mucha gente recordará, como yo, aquella primera gran decepción, tras el chivatazo de algún compañero del colegio o por confesión paterna cuando ya empezaban a salirnos pelos en las piernas y parecía el momento oportuno de reventar las fantasías infantiles, al descubrir que en realidad érais los padres.
¡Qué chasco!
Y...¿entonces? ¿todas aquellas cartas llenas de sueños y de miedos por no haber sido suficientemente buenos? ¿y todas aquellas horas de frio esperando la cabalgata para veros? ¿y los nervios de la noche en cuestión que nos nos dejaban dormir?
Ese día de la revelación fatal empezamos a dejar atrás la infancia.
Desde entonces, solo he fingido creer en vosotros cuando se trataba de mantener vivo el mito ante los ojos de los niños.
Lo cierto es que en los últimos tiempos andáis bastante devaluados por la feroz competencia de Papa Noel -quien iba a decirlo hace unos cuantos años- pero es que la "cultura global" (o sea, yanki) nos ha penetrado hasta el fondo, porque venía muy bien para hacernos consumir y comprar más, que es al fin y al cabo la religión dominante.
Para más desprestigio, sabéis que la monarquía está últimamente en "franca" decadencia. Con un poco de suerte veremos pronto a un real yerno en chirona, aunque haya quien dude de que el "noble chorizo" (valga el oximorón) acabe en la carcel. El caso es que todo lo que suena a realeza nos pilla un tanto desconfiados.
Pero es que, además, estamos en crisis. O sea, que andamos tiesos, a la ultima pregunta, sin un chavo. Llegamos malamente a fin de mes, vamos acumulando trampas y deudas, sajando a la familia o a los amigos más pudientes.Y, para colmo, todo apunta que en este "Año Mariano" nos van a seguir crujiendo hasta que no nos quede una gota de jugo.
Total, que no está la cosa para alegrías consumistas.
Asi que, con mi escepticismo a flor de piel pero siguiendo aquella máxima de "por pedir que no quede", llegada esta fecha señalada os pido -como dice un amiguete- "que me quede como estoy...o, si es posible, un poquito menos axfisiado".¿Vale?