viernes, 30 de diciembre de 2011

Deseos

Quisiera aprender a vivir cada día con menos.
Alcanzar la serenidad de una vida más y más sencilla.
Disfrutar la compañía de las personas que quiero.
Presenciar otros atardeceres y caminar por la orilla del mar, empapándome del ruido de las olas.
Gozar largas sobremesas de conversaciones pausadas, con el sol entrando por la ventana de la cocina y una copa de vino en la mano.
Realizar trabajos que desafíen mi imaginación y mi conciencia.
Encontrar nuevos libros que me trasladen a otros universos, o releer las viejas historias que guarda mi memoria.
Muchas horas de juegos con mis amigas y amigos más pequeños.
Viajar, no solo por los nuevos paisajes sino por la aventura de descubrir otras personas y culturas.
Muchos amaneceres de abrazos y ternuras, de confidencias susurradas, de besos de mariposa.
Volver a encontrar a los amigos que están lejos, abrazarlos, decirles que les quiero.
Llenar los oídos y el corazón de muchas músicas.
Navegar silencios para escuchar mi alma.
Caminar las calles del brazo de las gentes humildes, gritando por el mundo, por la justicia, por la libertad, por la vida.


A punto de empezar el año 2012, que -según la profecía de los Mayas- será el último de la cuenta, lanzo mis deseos al viento, por si algún genio -de los que viven en lámparas maravillosas- los escucha. Mi deseo es que todos y todas vivamos un año lleno de paz y felicidades (ya sabéis, de esas pequeñitas y cotidianas).
 

jueves, 22 de diciembre de 2011

Que compartan ellos

Tengo varios amiguetes de esos a los que llaman PSH, o sea, "personas sin hogar".
Por lo general, son gente que han tenido una vida dura, difícil, porque un día metieron la pata, o les vinieron muy mal dadas, o tiraron por la calle equivocada... y -rodando rodando- se encontraron al fondo del pozo, sin hogar, sin familia, sin amigos, sin esperanza, sin nada.
Su historia está llena de caídas, pero también de "levantadas", de resoluciones y esfuerzos por salir del hoyo, por dejar el alcohol o las drogas -que fueron causa o consecuencia de la calle- por recuperar a sus familias rotas, por encontrar un trabajo que les permita "normalizar" sus vidas.
Les admiro mucho. Creo que, en su misma situación, teniendo que superar los retos a los que hacen frente, hace tiempo que yo estaría hundido o tal vez ya me habría quitado de enmedio.
Mi vida es y ha sido, sin duda, muy fácil al lado de la suya.
En la mayoría de los casos, estos amiguetes comparten los mismos valores -y hasta los mismos prejuicios- que la sociedad que los excluye. Es una paradoja, si, pero la vida en la calle no les ha quitado el sueño de querer ser como esos hombres y mujeres que les miran con desprecio o incluso con asco cuando se cruzan con ellos. 
A veces, alguno de esos amiguetes tiene "conciencia social" y gasta una mirada crítica con esta sociedad nuestra, y saben que lo suyo no es una cuestión de caridad sino de justicia social.
El otro día, uno de ellos me decia: "lo vuestro (se refería a la gente "solidaria", "progresista") es cojonudo, dais lo que os sobra -cuando lo dáis- pero... ¿compartir lo que tenéis? ¡Y una mierda! Tu en tu casa y yo en la calle."
Estábamos en medio de una "celebración navideña", rodeados de "voluntarios" y "trabajadoras sociales" que se ocupan de echar una mano a las PSH. Me tragué con dificultad el pincho de tortilla, miré para mis adentros, y no tuve más remedio que reconocer que el tio tiene razón: se me -nos- llena la boca reclamando otro reparto de la riqueza para construir un mundo más justo, pero hablo -hablamos- de los gobiernos, de los políticos, de los banqueros... de los otros.
Y, mientras tanto, sigo viviendo acojonado por el miedo de perder todas esas cosas -muchas de ellas innecesarias, inútiles- que llenan mi vida.
Ah!... por cierto... el Ayuntamiento de Madrid ha anunciado que multará con 750 euros a las personas que busquen comida en los cubos de basura.

domingo, 18 de diciembre de 2011

El gobierno que nos merecemos (notas sobre el CIB)

Con que alegría nos despachamos -la gente de a pie- con la clase política, criticando la corrupción, los privilegios, el enchufismo, el escaqueo, el mangoneo, la prevalencia de la mediocridad, etc., etc.
En las barras de los bares (preferentemente), en las tertulias familiares, en las charlas de autobús o en la cola del pan, ya es un lugar común eso de que "los políticos son todos iguales", o aquello otro de "aquí todo el mundo va a pillar lo que pueda", o también lo de que "son unos energúmenos y se pasan la vida insultándose entre ellos, sin ponerse de acuerdo".
No digo yo que no haya mucho fundamento en esas críticas, que no haya sobradas razones para el exabrupto y para mentarles la madre a políticos y políticas. Lo que vemos y leemos en los periódicos y  telediarios es para indignarse.
Lo que tiene menos explicación es que se nos caliente tanto la boca contra esa "gentuza", para -a renglón seguido- saltarnos la cola, tratar de enchufar a nuestro primo, pagar "en negro" o eludiendo el IVA, explotar a quien se ponga a tiro (si somos empresarios), escaquearnos del puesto de trabajo, tirarnos de los pelos en la comunidad de vecinos, etc., etc.
Los políticos y las políticas no son extraterrestres, no han llegado en un platillo volante, son nuestra gente, nuestros hermanos, nuestras cuñadas, tu primo, mi tia... somos nosotros y nosotras mismos.
No es que tengamos una clase política y un gobierno -municipal, regional, nacional, europeo- que son un desastre, pero -eso si- tenemos una ciudadanía responsable, solidaria, cívica, éticamente impecable.
No, esa clase política es un reflejo de los ciudadanos y las ciudadanas que somos, y sus bajos niveles de exigencia ética, y sus altos niveles de mediocridad son los mismos que se respiran en la vida social, profesional, empresarial, etc., de la sociedad de la que formamos parte y somos cómplices.
Tampoco digo que no haya gente decente, ciudadanos y ciudadanas responsables que son un ejemplo de cívismo, de la misma forma que existen empresarios honrados y políticos honestos. Pero el nivel medio de Civismo Interior Bruto (CIB) de nuestra sociedad es, en términos generales, más bien bajito.
Asi que, hay que cambiar a los políticos y a las políticas, y a los gobiernos, y a los empresarios y a los banqueros... pero también -y para empezar- hay que cambiar a los ciudadanos y a las ciudadanas, a nosotros mismos, porque si esa base social no cambia tampoco cambiarán los lideres sociales, quienes dirigen y gobiernan, que son -repito- un fiel reflejo de la sociedad que somos.

viernes, 9 de diciembre de 2011

De inventores, poetas y maestros

Ya he declarado mi admiración -vieja en el tiempo- hacia Antonio Rodríguez de las Heras, de quien me honro en ser amigo.
Pues bien, dice Antonio: "Sabremos si hemos entrado un día en la Sociedad del Conocimiento... si en esa sociedad tres actividades, tres personajes, tienen la consideración, el reconocimiento que no han tenido en este modelo de hoy y en los anteriores. Estos tres personajes son: el inventor, el poeta y el maestro. Porque no habrá una nueva sociedad, basada en transformar información en conocimiento, sin tecnología, cultura y educación".
Me gusta imaginar esa sociedad del futuro que valore en tanto a esos tres personajes, que esté atenta a sus búsquedas y sus hallazgos.
Pero no cabe esperar al futuro.
El futuro es ahora, ahora, ahora...
El presente es inaprensible.
El futuro nos atrapa siempre.
Y cuando no lo hace es que la muerte ha llegado. 
Por eso me siento en la plaza a buscar con la mirada y el oido a los poetas, los maestros y los inventores de ahora mismo.
Respecto a los poetas, uno de ellos está llamando a la puerta de nuestras conciencias. Se llama Jorge Riechmann, y nos dice: "La poesía puede abordarlo todo en estos tiempos sombríos, los conflictos políticos, sociales, ecológicos, económicos, que dan forma a la vida cotidiana de la gente. Necesitamos una cultura que se dé cuenta de la deriva terrible en la que llevamos decenios inmersos. Una cultura de oposición radical a los poderes hoy dominantes, una cultura que sepa hacerse cargo de las pérdidas y que saque fuerzas de flaqueza para enfrentarse a esa plutocracia nihilista que gobierna nuestras sociedades. Hay que reivindicar la cultura de la pobreza."
Y me detengo un rato en sus poemas.
En cuanto a los maestros, tenemos -afortunadamente- muchos maestros y maestras a quienes escuchar, de quienes aprender, que pueden ayudarnos a entender la complejidad del presente que vivimos.
El mismo Antonio Rodríguez de las Heras es un ejemplo de ello, y un buen ejemplo porque acompaña la sabiduría con la humildad, es un maestro cercano y accesible.
Pero escucho ahora la voz de otro maestro, este se llama Daniel Innerarity, y dice: "Creo que la ciudadanía tiene más capacidad de escuchar la verdad y de reconocer los errores de lo que los políticos se creen. Tratan a la gente como si fuera menor de edad...Podemos comprender y exigir al mismo tiempo. No lo que hacemos ahora: desentendernos de nuestros deberes como ciudadanos, no formarnos una opinión ajustada a la complejidad de las cosas y al mismo tiempo no soportar que nos digan la verdad".
Tampoco nos faltan inventores, de hecho son hoy mucho más apreciados que los poetas o los maestros. Son como líderes mundiales o estrellas del rock, por ejemplo el recientemente desaparecido Steve Jobs.
Podría destacar a muchos de quienes parecen convertir la tecnología en la nueva panacea universal, pero he preferido fijarme en un modesto invento, lo llaman "Un litro de luz" y sirve para iluminar las oscuras chabolas de Filipinas. Me quedo con él por humilde y luminoso, porque me habla de cómo introducir un poco de luz en la vida de las personas más pobres.


viernes, 2 de diciembre de 2011

Es la participación ciudadana, estúpido

Parafraseando la famosa frase de Bill Clinton, es bueno recordarles a quienes se preguntan como superar la tremenda derrota del PSOE aquello de "es la participación ciudadana, estúpido".
Las razones de la debacle electoral hay que buscarlas no tanto en la crisis económica -como argumentan quienes pretenden echar balones fuera- sino en la gestión de la crisis.
O sea, que es verdad que el gobierno de Zapatero y el PSOE en su conjunto no han tenido la culpa de la crisis mundial, ni de la burbuja inmobiliaria, ni de las altas cifras de desempleo...
Pero también es cierto que han mostrado una estruendosa falta de ideas, un vergonzante sometimiento a las imposiciones del mercado y del gran capital, una incapacidad absoluta para articular propuestas alternativas... como apuntábamos hace ya algún tiempo.
Y las promesas de la campaña electoral cayeron en el vacío de la incredulidad y la desconfianza hacia quienes hoy proponían algo que no quisieron o supieron hacer ayer.
Pero, cuando se ha consumado la derrota anunciada, a la hora de preguntarse por sus causas, se elude la autocrítica y, cuando se trata de pensar en las soluciones, se vuelve a recurrir a las viejas recetas: encontrar un nuevo lider y un nuevo discurso. Y a esperar que la crisis desgaste al gobierno del PP y que, dentro de cuatro u ocho años, les vuelva a tocar gobernar a quienes hoy han sido derrotados.
Se olvidan de que, mientras tanto, al mismo tiempo que la crisis del capitalismo se ha ido extendiendo y profundizando, han ocurrido otras cosas: ha crecido la desafección ciudadana hacia la democracia, se han movilizado cientos de miles de personas en España -y en todo el mundo- reclamando un cambio radical en la manera de entender la economía y la política, en la forma de practicar la democracia.
Y, en el fondo, ocultas por la crisis económica y financiera, siguen avanzando las otras crisis: la medioambiental, la energética, la alimentaria... amenazando el futuro de la humanidad (aunque parezca que lo único que hay que "salvar" son los bancos y los beneficios de las grandes empresas).
No está la cosa para más de lo mismo. Las viejas soluciones conducen a los mismos resultados. Es el momento de cambiar o desaparecer.
A la derecha le basta con conservar el poder -que no necesariamente el gobierno- y para conseguirlo todo vale.
Pero a la izquierda no le vale cualquier cosa, no se conforma, no somete el pensamiento crítico a la disciplina del pensamiento único.
El camino para construir un futuro mejor posible pasa por profundizar la democracia, hacerla más participativa, implicar a todos los ciudadanos y ciudadanas en la búsqueda y puesta en marcha de las respuestas a los grandes desafíos que enfrentamos.
Y eso significa empezar por abrir los partidos, hacerlos más democráticos y participativos, multiplicar la reflexión colectiva y el debate, convocar y escuchar todas las voces, valorar todas las ideas, sumar todas las manos.
Ya sabemos que no será fácil, pero eso es lo que toca: la participación ciudadana, estúpido.