viernes, 8 de abril de 2011

Huellas para un rompecabezas

Tengo, frente a la mesa de trabajo, un tablero de corcho donde van superponiéndose fotos de distintos momentos de mi vida, que han ido llegando allí sin mucho orden ni concierto.
La más vieja de ellas es la de un adolescente Jose Ibarra, en el viaje a Mallorca de fin de curso de "preu", allá por el 67. Jose vuelve a aparecer en otra foto, cerca de 40 años después, en la que estamos los dos en Huérmeces con sus hijos, Ignacio y María, tan guapos ellos.
También hay otra del 83 que ya amarillea, una vieja foto del encuentro en Alcoy donde conocí a Carlos Nuñez y Ezequiel Ander Egg, todos tan jóvenes (¡y con tanto pelo!).
Con Carlos hay muchas más, en Mexico, en Chile, en Cuba, en Cartagena de Indias, en Madrid, en Cádiz... como prueba de tantos encuentros y afectos compartidos.
En otras fotos aparecen Paulo Freire, Mario Kaplún, Arlés Caruso, Fernando Cardenal, Hebe de Bonafini, Superbarrio Gómez, Oscar Jara, Raul Leis, Nydia González, Tato Iglesias... y otros personajes con los que podría escribirse la historia de la Educación Popular en América Latina de los últimos treinta años.
Y también están Jesús, Jose Ignacio, Rafa, Miguel, Samad, Mecho, Marco, Antonio, Fer... recordándome otros capítulos de mi vida.
Faltan, no obstante, muchos. Si quisiera que ese cuadro de fotos fuera un autorretrato de mi vida, deberían estar ahí Jorge, Tomás, Hilario, Cesar, Jose Luis, Jose, Josemari, Carlos, Clara, Nicolás, Manolo, Pepa, Pepe, Carmen, Paki... y muchas otras gentes.
Sin hablar de mi familia, de Nené, de Ana y Pablo, de mi padre y mi madre.
Cuento todo esto porque se cumplen ahora tres años desde que Carlos Nuñez se fué, y ayer le escribía a Marisa, su hija, y le hablaba de la pérdida y de la huella.
Siempre he creido que somos el resultado de nuestros encuentros vitales, el producto de la suma de huellas que van dejando en nosotros -a lo largo de la vida- las personas con las que nos hemos ido cruzando en el camino.
Algunas huellas son, quizás, negativas y nos enseñaron el dolor, el miedo o el rencor.
Pero las que prevalecen -y aquellas que debemos buscar con pasión- son las de quienes nos dejan amor, bondad, ternura, compromiso con la vida y con las otras personas, coherencia, decencia, honestidad...
Esas se pegan a nuestra piel, a nuestro corazón y nuestro cerebro, y van conformando un traje, un equipaje vital que nos hace mejores y nos identifica como personas.
Estamos hechos -como un rompecabezas- de pequeños fragmentos que nos fueron regalando, de si mismas, otras personas que nos enseñaron a vivir y que siguen vivas en nosotros.
Yo soy, por ese lado, millonario en huellas y la vida me ha bendecido generosamente con tantos encuentros positivos que necesitaría una pared entera y cientos de fotos para componer su retrato.

7 comentarios:

  1. y tú eres el que dices "eres más tierno que el día de la madre"..., a tu lado cualquiera somos dura piedra rocosa, un abrazo

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  2. Gran obra de Violeta Parra, que junto con "La vida" de otro gran poeta y cantautor como Alberto Cortez, resumen ese periodo al que llamamos Vida.

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  3. Que suerte tener este rompecabezas tan grande!!!
    Aun siendo de generaciones distintas me alegra y hace gracia ver que yo también he podido compartir espacios de trabajo con algunos de los compañeros que nombras, como por ejemplo Ezequiel Ander Egg, aunque yo le conocí ya más de mayor, seria el año 2006 en mi universidad.

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  4. A Jose: mira quien fué a hablar. Otro abrazo.
    Al "moreno fashion": comparto el gusto por Alberto Cortez, inolvidable.
    Al Jardinero: efectivamente, eres muy jóven pues estábas en la universidad en 2006. No podrás conocer a algunos de esos compañeros que se fueron (dejando huellas), pero te encontrarás con otros/as y, sobre todo, no olvides de que tu también vas dejando huella (¡qué responsabilidad!)
    A los tres, como siempre, gracias por vuestras voces amables.

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  5. ¡Córcholis! Siempre me encantó tu corcho (no es que me guste), aunque yo también te tengo en mi corcho.
    Muchos besos, Fernandito

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  6. Ja, gracias por hacerme sentir tan joven, pero cuando digo en 2006 digo trabajando!!! en cooperación y desarrollo, y desde hace ya muchos años....no estudiando, pero de todas formas que responsabilidad esa de dejar huellas.
    Un abrazo

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  7. A Esú: Tu si que me encantas, eres mi corcho viviente. Te quiero mucho amiguete (y te -me- debo varias llamadas telefónicas).
    Al Jardinero: Ahhhhh!!! Así que no eres tan jóven... pues ya lo siento (o no, eso que llevas bailao). En serio: cuando te haces consciente de que -querámoslo o no- vamos dejando huellas en las otras otras personas, eso nos obliga a ser un poquito mejores ¿no?

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