viernes, 14 de enero de 2011

Cuando el sistema es malo...

"Cuando el sistema es malo, ser antisistema es bueno", dice un aforismo recogido en la página de Facebook dedicada a la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
En ese mismo sentido, hace ya algún tiempo que Francisco Fernandez Buey y Jordi Mir nos preguntaban si "¿es tan malo ser antisistema?".
Pero lo cierto es que, a pesar de que los argumentos son tan claros, tan de sentido común, parece que nos es imposible dejar de apoyar al sistema.
Somos pro-sistema, complices de nuestra explotación y alienación, de nuestra propia destrucción.
Ya hemos recordado alguna vez esa reflexión de Slavoj Zizek de que "parece increible, pero nos es más fácil imaginar la destrucción del mundo que la del capitalismo".
Y tampoco es la primera ocasión en que mencionamos la "ideología de la impotencia", que según cuenta Eduardo Galeano, hemos interiorizado aceptando que no hay otra realidad ni otro mundo posible.
El sistema no solo somete a sus intereses la economía, la política, la cultura, el medioambiente... Uno de sus efectos más perversos es la colonización de nuestras mentes: nos convence de que la responsabilidad de la situación que vivimos, de la crisis económica, de la precariedad, del desempleo, de la pobreza... es de los trabajadores, de los sindicatos, de los ecologistas que se oponen al progreso y el desarrollo, de la ciudadanía que pretende defender sus derechos.
Si estamos en paro, si tenemos un trabajo precario, si hipotecamos nuestra vida para tener una vivienda, si vemos incierto el futuro, si el miedo llena nuestras vidas... la culpa es nuestra. Haber espabilado, haber aprovechado las oportunidades que el sistema nos ofrece.
Nos dicen que "hemos vivido por encima de nuestras posibilidades", como si los amos y gestores del sistema no tuvieran nada que ver, como si acabaran de aterrizar en un platillo volante para salvarnos de nuestra furia consumista y derrochadora.
Tomemos ejemplo de ellos, de los capitalistas, de los especuladores, que incluso en medio de la crisis, aprovechan sus oportunidades y engordan sus cuentas corrientes, se hacen más ricos.
El sistema, además de injusto, desigual, depredador, explotador, destructor del medio natural... es mentiroso y cínico.
Así que, digan lo que digan los políticos y los medios de comunicación (que trabajan para el sistema), efectivamente, ser antisistema es bueno.
Hace unos días volvía a ver la trilogía de Matrix, película realista donde las haya.
Necesitamos que cada día despierten más y más personas, que se sumen a la resistencia contra el sistema, que griten con nosotr+s, bien alto: ¡Yo también soy antisistema!

2 comentarios:

  1. La verdad es que los poderosos tienen que estar encantados con una sociedad tan sumisa ¿hasta cuando, hasta cuanto aguantaremos? Las noticias de Tunez nos dicen que todo tiene un fin?
    Lourdes

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  2. Lourdes, no se si te preguntas o afirmas que la sumisión social siempre tiene un fin. Ojalá sea así.
    Vaya sorpresa ¿no? La ciudadanía de Tunez dándonos lecciones de insumisión.
    Es curioso como, ahora, los medios de comunicación -y hasta los políticos- hablan de dictadura, cuando hasta hace unos días daban coba al régimen de Ben Ali. Otro ejemplo de la doble moral y el doble lenguaje.
    Gracias por tu comentario.

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