viernes, 26 de marzo de 2010

La vie en rose

Me he comprado unas gafas de sol que me hacen ver todo de color de rosa.
Debe ser también la llegada de la primavera, que -tras las lluvias del invierno- lo llena todo de luz.
Ya iba haciendo falta, incluso en esta página que, como dice una amiga, "se estaba poniendo muy seria, oscura, con tanta política y tanta cosa social".
Es cierto que, al comienzo de este blog, abundaban mucho más los cuentos, las músicas, los comics... Es verdad que las miradas más preocupadas, los escritos más críticos lo han ido ocupando casi todo.
Fué la convalecencia del infarto la que me hizo retomar este blog con la intención de volcar en él los pensamientos y sentimientos que recorrían entonces mi cabeza y mi corazón. Casi como una terapia.
Siempre he tenido a mano cuadernos en los que he ido escribiendo lo que se me ocurría. En los momentos buenos, me han servido para rescatar las emociones y recordarlas más tarde. En los momentos más difíciles me sirvieron también para dejar escapar muchas angustias.
Conservo algunos en la mesilla de noche. Un día los quemaré todos en una gran hoguera.
Nunca me he atrevido a mostrar a nadie esas palabras tan íntimas, hasta que me decidí a escribir este cuaderno virtual, expuesto a todas las miradas.
Ya ves, han pasado más de dos años, 128 entradas, más de 10.000 visitas...
Me sigue sorprendiendo que haya gentes que quieran acercarse hasta aquí a leer lo que escribo.
Muchas gracias -por su generosa curiosidad y sus cálidos comentarios- a los amigos y amigas que honran estas páginas (web).
Aún me sorprende más que sean los escritos más íntimos, más personales, sobre mi y mis sentimientos, los que parecen tener más eco en esas gentes invisibles.
Tal vez, pensaba yo, las opiniones sobre el mundo, la participación, los movimientos sociales... puedan tener algún interés para otras personas, pero, mis pequeñas emociones... ¿a quien pueden interesarle?
Mira por donde, lo que más nos llega, lo que nos toca más -yo lo siento de la misma forma cuando me acerco a las palabras y los cuadernos virtuales de otros amigos y amigas- son las pequeñas historias personales.
Parece que en estos tiempos oscuros de crisis, de grandes cambios, de incertidumbres y miedos, necesitamos como nunca escuchar voces cercanas, las que nos transmiten emociones y sentimientos sencillos y cotidianos, las que nos confirman que somos personas, "personas humanas", que decía aquél.
Pues me parece bien, me pongo las gafas de color de rosa, miro de cara a la primavera y me declaro dispuesto a volver a traer aquí, junto a las miradas críticas -"razonablemente pesimistas, voluntariamente optimistas"- también los cuentos, los comics y las músicas.
Y para que se compruebe mi sincera disposición, aquí os dejo -amigas y amigos invisibles- la voz y la trompeta de Louis Amstrong (a quien me gustaba imitar cuando era chico) cantando "La Vié en Rose".
La foto es de Олександр


viernes, 19 de marzo de 2010

Dos años después

Dentro de pocos días se cumplirán dos años desde aquel infarto. La foto me la saqué una noche en el hospital, tal vez para comprobar que no me había muerto. Tengo una sonrisa de circunstancias, como de no estar muy convencido, disimulando el trago.
Veinte días antes había muerto mi madre, y hoy estoy convencido de que esa pérdida fué el detonante para que mi corazón -castigado por el tabaco, la tensión y la pasión- fallara.
Creo que ya he contado alguna vez (a los amigos y amigas muchas veces) el profundo cambio emocional que, a sus 88 años, se produjo en mi madre, y sus últimos tiempos llenos de ternura, en que nos encontramos como nunca antes lo habíamos hecho, de una forma tan intima y dulce que me emociona todavía recordarla.
Aquél 2008 fué un año horrible. Y no hablo de la crisis que se iniciaba, hablo del infarto y de la muerte de mamá, y del brazo que se rompió malamente Nené y nos tuvo preocupados y ocupados casi un año, pero también de otras pérdidas dolorosas.
Se fué, poco después del infarto, Carlos Nuñez, mi hermano mexicano. Llevaba mucho tiempo malito y para entonces, quienes le queríamos, ya deseábamos que terminara su sufrimiento y pudiera descansar en paz. Pero uno nunca está preparado para que se le mueran los amigos, y el hueco que dejó fué muy grande.
Ese nefasto 2008 se nos murieron también Inma y Antonio, más amigos queridos, parte de mi historia personal, de mi memoria íntima.
Y tuvimos que sacrificar a Max, el perrito que nos acompañó desde Madrid, porque ya le fallaban todos los órganos y se hacía evidente su decrepitud. Otro amigo, otra pérdida, otro hueco de los que no se cubren ya más.
Lo que digo, un año horrible, para olvidar si no fuera porque perdimos tanto y tan valioso.
Dos años después, miro la foto y me pregunto qué ha cambiado en mi vida, qué he aprendido.
Dice Nené que mucho, y probablemente tenga razón, aunque a mi me cuesta más sentirlo.
Han sido tiempos difíciles, de ajustes y reajustes, de digerir tanta pérdida, tanta tristeza, de asumir la fragilidad y la incertidumbre de la vida, la insignificancia y la futilidad de la (o, mejor, de mi) persona, la proximidad -a poco más de un año vista- de los 60, de reconocer el cansancio de un camino largo y duro, y la conveniencia de arrimarse a la vera y aflojar el paso, dejando que otros tomen la delantera.
No me he dado por vencido.
Sigo esperando que llegue la primavera.

viernes, 12 de marzo de 2010

Esperando tiempos mejores

"Esperaremos a que lleguen tiempos mejores para hacer esos cambios que necesitamos."
Así hablaba el otro día una dirigente, tras hacer un diagnóstico de las debilidades de su organización solidaria, en la coyuntura difícil de la crisis y de un tiempo de profundos cambios sociales.
He escuchado muchas otras veces este mismo razonamiento, que es casi un lugar común para tantas organizaciones que están esperando mejores tiempos para acometer los cambios que precisan.
Mira por donde -tal vez sin saberlo- han hecho suya la máxima jesuítica, de San Ignacio de Loyola, que predicaba aquello de "en tiempos de tribulación no hacer mudanza".
Y yo me preguntaba para mi, mientras escuchaba a esa dirigente, cuando vendrán esos tiempos mejores.
Si miramos hacia atrás, al camino recorrido, probablemente descubriremos que -por A o por B- todos los momentos de la historia de nuestras organizaciones y nuestros proyectos sociales fueron complejos y difíciles.
(Y si no fué así, si la trayectoria de nuestras organizaciones fué de "vino y rosas", entonces tal vez hemos de preguntarnos por su coherencia social y su autenticidad transformadora.)
Tal vez, nuestra mirada nostálgica idealiza aquellos momentos pasados ("cualquier tiempo pasado fué mejor") o minimiza las dificultades que hubimos de superar entonces.
No creo que vengan tiempos mejores para la acción social, no creo que nunca se vayan a producir las "condiciones ideales" para construir -con tranquilidad- las nuevas organizaciones solidarias.
Creo que se avecinan tiempos aún más difíciles y, sobre todo, no creo que vayan a detenerse los cambios sociales vertiginosos.
Las organizaciones solidarias no podemos ver las dificultades como un obstáculo, como un impedimento para nuestros propios cambios.
Al contrario, precisamente porque son tiempos difíciles este -y no otro- es el momento de hacer los cambios que necesitamos.
Cambios e innovaciones en nuestras formas de acción e intervención social, en nuestras formas de comunicación y sensibilización social, en nuestras formas de organización y trabajo en equipo, en nuestras formas de participación y pertenencia a nuestras organizaciones...
Hemos de aprender a desenvolvernos en la incertidumbre, en la precariedad, en la inestabilidad, en el cambio permanente.
No podemos temer a los cambios, hemos de convertirlos en nuestros aliados.
Hemos de hacer de la flexibilidad, la adaptación y la innovación nuestras principales herramientas.
Por la cuenta que nos tiene.
La foto es de Nicholas Laughlin

viernes, 5 de marzo de 2010

Qué decir... (popurri de perplejidades)

Esta ha sido una semana de perplejidades y voces contenidas. Se me amontonan -en el corazón y en la boca- las ganas de decir.
...
Quisiera decir algo sobre Cuba, sobre mi abuela santiaguera y mi cuartillo de sangre cubana, mis viajes entusiastas, los hermosos recuerdos, esa gente cubana a la que quiero, los sentimientos encontrados, el compromiso con la Revolución, con sus objetivos, la perplejidad por sus contradicciones...
Me repugna el uso y abuso que la derecha reaccionaria hace de Cuba, su cinismo y su doble rasero, criticando todo, criticando siempre, pero callando y mirando para otro lado cuando se trata de denunciar el hambre, la explotación y la injusticia, y cuando quienes vulneran la libertad y los derechos humanos... "son de los suyos".
Me repugna -por eso mismo- que, por no darle bazas a esa derecha reaccionaria, haya que renunciar a cualquier crítica y todo haya de parecernos bien en Cuba, porque "son de los nuestros".
No comprendo que existan en Cuba presos de conciencia, ni que dejen morir a los presos en huelga de hambre. No comprendo como el libre pensamiento y el pensamiento crítico puedan ser una amenaza para la Revolución.
Me pregunto si es posible una Revolución sin ellos, si no acaba siendo reaccionaria.
...
También quisiera decir algo sobre Garzón y la justicia en España.
Es seguro que Garzón tiene, como todas las personas, sus luces y sus sombras. No será un heroe ni un villano, aunque pretendan hacernos creer una cosa u otra.
Pero se ha atrevido a hurgar en el pasado franquista. Y hay quienes quieren hacer obligatoria la falta de memoria (histórica). Por la cuenta que les tiene.
También le persiguen quienes quieren tapar las vergüenzas de la corrupción política y garantizar la impunidad de quienes se corrompen. Viva la ética.
Y tampoco le perdonan quienes tuvieron que tragar con su investigación sobre los GAL y el terrorismo de estado.
Es posible que -todas esas gentes e intereses- consigan sus objetivos y le echen de los tribunales.
Pero el coste para la justicia española, ya bastante desprestigiada, será imponente.
Acabaremos creyendo que los y las jueces solo gestionan bien sus propios intereses corporativos y los de sus "patronos" políticos.
Qué pena.
...
Unas palabras perplejas sobre las campañas mediáticas para estimular la confianza ciudadana ante la crisis:
Quienes contribuyeron de forma fundamental a la situación actual, exhibiendo una gran avidez especulativa, promoviendo la "cultura del pelotazo", embolsándose beneficios desproporcionados, inflando burbujas varias, parece que pretenden ahora socializar las culpas y los costes de la crisis.
Yo creo que no hacen falta muchas campañas, que en cuanto les veamos dar ejemplo (de autocrítica, de ética, de responsabilidad social, de solidaridad, de cooperación, de humildad y austeridad...) seguro que cunde la confianza ciudadana y se multipican las respuestas sociales. Pero... ¿llegaremos a ver eso?
El caso es que a la "campaña oficial" le han crecido los enanos, se han multiplicado las contracampañas y los grupos en las redes sociales, y ya son más quienes critican la iniciativa que quienes la defienden.
Es perfecto:
tanta gente entretenida, discutiendo si la culpa es de ZP y el gobierno, o es de Alierta y Botin, sin caer en la cuenta de que "El Problema es el Sistema". Y de que nosotros y nosotras somos parte de él (y hasta cómplices).
¿Será ese el verdadero objetivo de la campaña, que no cuestionemos el sistema?
...
Pero, además, alucino con el nivel de crispación que se manifiesta en muchas de las opiniones que se expresan en los distintos foros, la abundacia de descalificaciones.
Es casi una apuesta segura: abres un foro público y salen de sus cuevas las y los energúmenos -de todos los colores políticos- a insultar a quienes no piensan como uno o como una.
Nadie se escucha.
¡Qué país!
La foto es de LEOPLUS