martes, 27 de octubre de 2009

Lo Personal es lo Político






Este fin de semana pasado hemos celebrado en Zafra el Quinto Encuentro de Educación para la Participación, VE(s)PA.
Esta nueva ocasión -como las anteriores en Cádiz, Cáceres y La Laguna- ha sido una auténtica fiesta de encuentros -con nuevas y viejas amistades-, de afectos, de emociones, de reflexión -comprometida con la construcción de un mundo mejor-, de aprendizajes...
Más que nunca en encuentros anteriores, la creatividad ha sido el vehículo de la reflexión colectiva : la plástica, la música, la fotografía, la expresión corporal (incluido el Qi Gong)... se trataba de poner en funcionamiento todos los sentidos, aprender por todos los poros, generar nuevas miradas, nuevas músicas, nuevos gestos, nuevas expresiones... desde los cuales observar, interpretar y tratar de entender esta realidad confusa, caótica, en la que vivimos y trabajamos, esta realidad que queremos transformar.
Todos esos lenguajes creativos han sido los medios para reflexionar sobre la pregunta que nos trajo a Zafra: "cómo incorporar la subjetividad, la afectividad, las emociones... a nuestras prácticas de educación y transformación social".
Si, tenemos claro -aunque tal vez eso sea lo único que tenemos claro- que para transformar el mundo, la realidad, es imprescindible transformar (nos) las personas que lo habitamos.
Y esa transformación no será nunca el resultado de un proceso exclusivamente racional, reflexivo, de convencimiento intelectual... si no toca los afectos, la sensibilidad, las emociones, si no llegamos al corazón de las personas.
Porque vivimos y percibimos la realidad -para sufrirla y para disfrutarla- con todos los sentidos, no solo con la cabeza.
Intuimos que no hay fronteras, barreras, contradicciones... entre lo subjetivo y lo social, entre lo personal y lo político.
Nuestros miedos, pesadillas, incertidumbres, tristezas, inseguridades, soledades personales... no son sino el reflejo de un modelo de sociedad y de vida insostenible, desigual, injusto, competitivo, violento, deshumanizado...
Nuestros sueños no son sino el retrato de ese Otro Mundo Posible que queremos construir.
Cambiar a las personas significa cambiar el mundo. Cambiar el mundo significa cambiar a las personas.
Pero esta nueva percepción del cambio, de la transformación social -en mi opinión, revolucionaria- nos pilla en plena siesta, instalados en la acomodación, en la resignación, sin entrenamiento en el ejercicio de nuestros sentidos, en el compartir nuestros sentimientos y emociones, en la práctica de crear y construir nuevos sueños y utopías.
Quienes trabajamos en el ámbito de la intervención social transformadora, desde los movimientos sociales, desde los colectivos que quieren cambiar el mundo, y venimos de una cultura de la militancia, la disciplina sectaria, el discurso monolítico, la culpa... tenemos grandes dificultades -personales y colectivas- para abrirnos y aprender esos nuevos lenguajes necesarios, para incorporar nuevas formas y nuevas prácticas liberadoras, realmente alternativas, transformadoras, creadoras, innovadoras.
Para poder aportar algo significativo a la transformación social, nos toca -a nosotros y nosotras- empezar por cambiar, radical, profundamente. Desde el corazón.
Ese es el reto (personal y político). Apasionante.

domingo, 18 de octubre de 2009

La Sociedad Pasiva

La semana pasada estuve dándole vueltas a la Participación Ciudadana con un grupo de alcaldes, concejales, técnicos y técnicas municipales de una comarca de Extremadura.
La queja era generalizada: "no hay manera de que la gente se mueva", "esperan que todo lo haga el ayuntamiento", "si no hay dinero por medio, por propia iniciativa, la gente no hace nada"...
A mi regreso, una amiga gaditana con un hijo adolescente me contaba entre lagrimas que no sabe qué hacer con el niño. No quiere estudiar, tampoco quiere trabajar ni hacer nada en su casa y no está dispuesto a prescindir de la motocicleta que le compraron hace un año.
"No lo entiendo, no le ha faltado de nada, le hemos dado todo lo que podía desear. Y entonces...¿por qué no quiere hacer nada?"
Siento que las dos situaciones hablan de un mismo problema: las instituciones públicas paternalistas, al igual que los padres y madres sobreprotectores, han conseguido eliminar cualquier sentido de la responsabilidad y el esfuerzo en la ciudadanía o en la juventud, la han "malcriado".
Nos hemos anticipado a sus necesidades, a sus intereses, les hemos dado hechas las cosas, hemos suplido su iniciativa, les hemos ahorrado cualquier esfuerzo, hemos conseguido convencerles de que era tarea y responsabilidad de sus padres o de las instituciones públicas resolver todos sus problemas, satisfacer todos sus deseos.
Los ciudadanos y ciudadanas pensamos -por lo general- que la culpa de la crisis y el desempleo la tiene el gobierno, pero también tiene la culpa de que nieve en invierno y se colapsen las carreteras, o de que la gota fria cause inundaciones, o de que nuestro equipo de fútbol baje a segunda.
Votamos -o no- cada cuatro años y delegamos toda responsabilidad, pública pero también privada, en las personas elegidas, a ellas les corresponde dar solución a todos los problemas, y que tengamos trabajo, y podamos pagar la hipoteca, y encontremos aparcamiento, y...
Hemos conseguido una sociedad donde prima la ideología de la delegación (la culpa siempre es de otros), donde imperan la pasividad y la falta de iniciativa (que piensen y busquen soluciones otros), una sociedad de derechos pero no de deberes, una sociedad de consumidores y consumidoras, pero no de participantes.
Tanto a los políticos y técnicos municipales, como a mi amiga les preguntaba yo: "¿Y qué esperábamos? ¿Por qué nos sorprende? ¿Acaso, educamos a la ciudadanía o a nuestros hijos para otra cosa."

sábado, 3 de octubre de 2009

Paños calientes y medias tintas

Históricamente, la derecha, los sectores más conservadores han tenido pocos escrúpulos para defender ruidosamente sus ideas y posiciones, por estrafalarias que estas fueran.
Ahora mismo, quienes nos metieron en esta crisis económica con su defensa a ultranza del capitalismo neoliberal, son los que pretenden imponer las condiciones de salida, haciéndosela pagar a los sectores más debiles.
Quienes reclaman un despido más barato para sus empleados no tienen problema en asignarse indemnizaciones millonarias.
Quienes denuncian la imposición de valores ajenos -como en el caso de la Educación para la Ciudadanía- no tienen el menor empacho en pretender imponer los suyos al resto de la sociedad.
Son solo algunos ejemplos, entre muchos, de esta falta de pudor y de complejos.
Por otra parte, los sectores sociales más progresistas, la izquierda está fragmentada, dividida en multiples tendencias, sin ser capaz de encontrar un mínimo común multiplicador. Pero, además, se muestra acomplejada, sin ánimo de defender en la calle, en los lugares de trabajo y las reuniones familiares, en la vida cotidiana, los que han sido sus valores más apreciados.
Pareciera que, tras la caida del Muro de Berlín y la crisis del socialismo, sintieran una cierta vergüenza por sus viejas posiciones, un complejo de culpa diferido, que les llevara a plantear sus ideas con la boca chica, con muchos paños calientes y medias tintas.
Creo que es un error, un gran error, y que, en ese afán de no molestar y no asustar a otros sectores sociales, la única voz que acaba escuchándose es la de quienes, sin escrúpulo alguno, pretenden que nada cambie a no ser que sea en su beneficio particular.
Pero hay otras voces, otros mensajes que siguen siendo necesarios, aunque puedan -y deban- incomodar a ciertos sectores.
Por ejemplo, aquello de "que paguen más quienes más tienen". Si, que suban los impuestos directos a quienes tienen mucho más de lo que necesitan, para redistribuirlo entre quienes carecen de recursos básicos.
O la defensa de una "democracia participativa", basada en la participación real de ciudadanos y ciudadanas y no solo en el "electoralismo de mercado". Listas abiertas y mecanismos efectivos de participación y control social de la acción política.
Y aquello otro de la "solidaridad y la cooperación", la apuesta radical por el apoyo a los más desfavorecidos, por la desaparición de la pobreza, y el 0,7% para la cooperación con los países empobrecidos.
O lo de que "ninguna persona es ilegal", la defensa de una sociedad multicultural, basada en la convivencia, el respeto mutuo, el mestizaje.
Y la convicción de que con el medioambiente no cabe la especulación, "nucleares no, gracias".
O también aquello otro de "las mujeres paren, las mujeres deciden".
Como éstas hay más ideas, más valores, que es preciso seguir defendiendo con voz clara y alta, si es posible a coro.
Un día despues de publicar esta nota, Josep Ramoneda escribe en EL PAIS DOMINGO un artículo titulado "La Izquierda Atrapada", que habla -con mejor estilo- sobre las mismas ambigüedades.