jueves, 25 de junio de 2009

Ganar elecciones y perder la democracia

El otro día, en una parada de autobús, un señor airado -porque el bús no llegaba- me dijo aquello de "con Franco esto no pasaba" y lo otro de "todos los políticos son iguales".
Estuve a punto de soltarle un exabrupto, de montarle un pollo, pero me contuve a tiempo, acordándome de mi cardiólogo y sus recomendaciones de "sobre todo, no se irrite, tómese las cosas con calma".
Así que, sin decirle nada, le miré con cara de pena y me fuí caminando hasta la siguiente parada.
Pero confesaré que me resulta difícil mantener la calma, y que en estos días sigo con "bronca" a cuenta de los temas de la Participación Ciudadana y sus frustraciones.
Creo que se me nota bastante, y es que soy incapaz de disimular los cabreos.
No solo porque -en clave personal- es mucho tiempo peleando estos temas para descubrir que -después de más de 30 años de democracia- hemos avanzado poco.
Es, sobre todo, porque creo -y he creido siempre- que en ello nos jugamos el futuro.
No es posible soñar un futuro mejor, otro mundo posible, que no pase por la participación social y la profundización de la democracia, por la inteligencia colectiva y la construcción colectiva de espacios de "poder social".
Pero, mientras tanto, crece la desafección popular hacia la democracia, crece el abstencionismo y el cinismo político, la percepción social de que "todos son iguales", el "pasar" de la política para dejarla en manos de sujetos como el impresentable Berlusconi (al que, al menos en su pretensión de impunidad, le están saliendo muchos imitadores por estos lares).
Las instituciones políticas, los partidos, no se atreven -¿no pueden?¿no saben?¿no quieren?- a meterle mano al asunto, a producir las transformaciones necesarias que el viejo sistema precisa. Ello implicaría cambios profundos en su propia casa, en sus propias organizaciones, en sus valores y en sus prácticas políticas.
Hace algunos años, en Burgos, conseguí escandalizar a algunos concejales y políticos locales cuando defendí en unas jornadas la necesidad de apostar por la democracia participativa (y por la ética política), "aunque sea a costa de perder las próximas elecciones".
Aquello no les entraba en la cabeza, preferían ganar elecciones, aunque la gente abomine de la política.

miércoles, 17 de junio de 2009

Sin tiempo para tejer redes

Andamos estos días con mucho trabajo, tratando de poner en pie una experiencia que llamamos la Escuela Itinerante y que, básicamente, consiste en poner al alcance de las asociaciones y organizaciones solidarias, en las distintas poblaciones de la Bahia de Cádiz, un espacio abierto de encuentro.
En plena Sociedad de la Comunicación una de las principales amenazas para las organizaciones solidarias es el aislamiento, el espejismo del "juanpalomismo", creer que estamos solas, que hemos de conseguir -con nuestras únicas fuerzas- los objetivos de cambio y transformación social que se proponen nuestras organizaciones.
Misión imposible. Promesas de frustración.
O somos capaces de sumar fuerzas -sin renunciar a la diversidad- o nuestro futuro se llama "insignificancia social".
Nuestro diagnóstico es que ahí está una de las necesidades más básicas de los colectivos y movimientos sociales: poder expresarse, escucharse, conocerse y reconocerse.
Parece elemental, demasiado básico, pero es clave, imprescindible para poder alcanzar otros niveles de intercambio y cooperación, para poder llegar a "trabajar en red"
Pero es muy dificil. Las asociaciones, ONGs, colectivos solidarios, etc., estamos sostenidas por muy pocas personas, tenemos demasiadas tareas, cada vez más complejas, nos falta tiempo.
Lo urgente devora lo importante.
Y nuestras prioridades son otras.
Y nuestros valores siguen siendo -a menudo- individualistas, competitivos, sectarios, excluyentes...
No tenemos tiempo -ni, muchas veces, ganas- para encontrarnos con otros colectivos y organizaciones solidarias.
Y la pescadilla se muerde la cola sin que seamos capaces de romper esa lógica perversa.

sábado, 6 de junio de 2009

"Cuando como como..."¿Cuando? ¿Cómo?

El cuento zen dice que había un hombre cuya fama de sabio llegaba tan lejos que un erudito viajó una gran distancia para conocerlo. Durante varios días observó como aquel hombre realizaba las tareas cotidianas más corrientes, sin escuchar una sola enseñanza suya. Al fin, se atrevió a preguntarle: "Dime, por qué tienes fama de sabio y sin embargo no sale una sola enseñanza de tu boca". A lo que el hombre sabio respondió: "Es que, yo cuando como como, y cuando duermo duermo."
El cuento viene a cuento porque aquella percepción de la sabiduría que consistía en estar -a tope- en lo que estás, con toda tu atención, parece cosa del pasado.
Hace algunos días comentaba con un amigo mis dificultades crecientes para "alimentar" regularmente este blog y seguir los blogs de otros amigos y amigas, para aportar notas al Caralibro (léase Facebook, o Feisbu) y conocer las mil cosas interesantes que se reflejan en él (más cuanto más "amigos" se suman a la lista), para trabajar todos días, y hacer vida de familia, y cultivar las relaciones con los amigos, y leer buenos libros, y pasear por la playa, y... ¿Cómo? ¿Cuando?
En plena Revolución Tecnológica, resulta apasionante tanta información y tanta comunicación, pero tendría que dedicarle todo el tiempo a "estar al día".
Y eso que mi participación en los nuevos medios y redes de comunicación es más bien "modesta", al menos en comparación con otros amigos y amigas que parecen vivir conectados permanentemente a la Red.
Por mi parte, leo por encima, me entero superficialmente, tengo una visión general... pero no me pidas detalles.
Mi amigo me habla de las "lecturas de guerrilla" y del "zapping mental".
Y yo tengo la sensación de estar haciendo todo... sin profundizar en nada.
Otra amiga me dice que es imposible "cuidar" algo o a alguien sin dedicarle el tiempo necesario, y que por eso -en este tiempo nuestro- acabamos descuidando las relaciones y los afectos, que son insatisfactorios y superficiales.
Creo que necesitamos encontrar el "punto medio", el equilibrio entre tanta dispersión, para dar sentido a lo que hacemos.
Por mi parte, me hago el propósito de -sin resistirme a ellos- no intentar perseguir la velocidad de los cambios. No estaré en más redes sociales, ni buscaré más "amigos", ni me obligaré a escribir nuevas "entradas" a plazo fijo, dejando que broten solo aquellas que sean sentidas, cuando tengan que brotar.
Intentaré poner toda mi atención en cada momento, sin prisas, sin ansiedades, comer cuando como, dormir cuando duermo.