miércoles, 31 de diciembre de 2008

Muchas felicidades

La Felicidad, ¿existe?
Yo creo que, así, con mayúscula, no existe.
Tal vez solo en las películas, o para quienes han alcanzado la santidad, la sabiduría, la iluminación, y están más alla del bien y del mal.
Creo que ni siquiera en estos casos extremos.
Es imposible.
En la vida de todas las personas existen dolores y tristezas, momentos malos, errores, desgracias...
Pero también existen los momentos de felicidad.
Quizás haya personas que nunca los hayan conocido, nunca, pobres de ellas.
Aunque, incluso en medio de las más terribles tragedias, en las vidas más difíciles, parece que existen momentos de luz, de esperanza, de ternura...
Se está acabando este año 2008.
No lo vamos a recordar con mucha nostalgia.
Esperamos que llegue el 2009 con la esperanza de que sea más benévolo, más dulce, que huya la tristeza, que se aplaquen los dolores, que terminen las pérdidas, que se acaben las crisis...
Esperamos que se multipliquen los buenos momentos, los instantes redondos, las pequeñas felicidades de cada día que nos hacen sonreir.
Muchas felicidades!!!

domingo, 28 de diciembre de 2008

LUCES

Manuel Vicent recomienda hoy en su columna de EL PAIS, "recordar sin desgarro ni melancolía, suave y armoniosamente las cosas agradables que te hayan sucedido este año, como quien sale al huerto de atrás a recoger los frutos que ha dado cada estación, puede ser un ejercicio necesario de supervivencia cuando todo parece que se desmorona a tu alrededor."

Las sonrisas de Nené, su ternura, sus cuidados, la Bahía de Cienfuegos, La Habana de noche, el cariño de los amigos, sus visitas, las de Jose y Cris, la de Jesús y Olguita con Manuel, los abrazos de Pablo, los ojos de Hanna, sus juegos, la alegría de Paki, las manos de Inma, el jamón de Jose, la voz llena de luz de Clara, su generosidad en los momentos duros, la generosidad de Jose (de todos mis "Joses"), la generosidad de Ana, la respuesta de los amigos (Oscar, Raúl...), las llamadas de Marco y de Tato, una tarde de Tai Chi con Jose Ignacio, una tarde en barco con Hilario, el niño de Samad, su alegría, el niño de Lucía, la alegría de Concha, el IVEPA en mayo, la fuerza, la pasión de Fernando, la de Antonio, la bondad de Miluoda, la playa en agosto, algunas caminatas al atardecer por el Campo del Sur, la música, las músicas, muchos libros, algunas películas...
La lista crece y crece, cuanto más miro a este año que se acaba, recordando sus luces.

viernes, 26 de diciembre de 2008

AUSENCIA

Ayer se fué Inma, una gran mujer, buena y generosa, que nos dió muchas lecciones de amar.
Otra ausencia.
Este 2008 ha sido un año terrible de pérdidas -Mamá, Carlos, Antonio, Max, Trini, Inma...- y todas dejan en nuestro corazón una huella de tristeza.
No lloramos por quienes mueren, que dejan de sufrir, que descansan en paz. Lloramos por quienes les perdemos, por nosotros, por el hueco que dejan en nuestras vidas.
Ya no sentiremos sus abrazos, su voz, su sonrisa, su calor, su cariño...
Hace un tiempo, cuando era más jóven, pensaba que la añoranza de los ausentes en Navidad era algo forzado, artifical, un tópico. Hoy siento como un puño la tristeza de su ausencia, y es la alegría de estas fiestas la que me parece forzada y absurda.
Hay otras miradas diferentes para esta misma realidad que nos duele.
Pr ejemplo, el reconocimiento de todo lo que nos dieron quienes hoy nos faltan.
Estamos hechos de la suma de todas las huellas que dejaron en nosotros quienes nos amaron, quienes nos enseñaron a mirar, a caminar, a reir, a amar la vida.
En realidad, no están ausentes, están en nosotros, en nuestra memoria, en el recuerdo, pero también en nuestras palabras, nuestros gestos, nuestros sueños, en todo lo que nos dejaron.
La canción triste y maravillosa de Cesaria Evora suena en su recuerdo.

martes, 23 de diciembre de 2008

Vergüenza

Cada dos o tres días, todas las semanas, nos llegan noticias de nuevas muertes de mujeres a manos de sus parejas o exparejas.
La violencia machista no cesa.
Y esas muertes no son sino la punta del iceberg de una violencia cotidiana que es mucho más generalizada de lo que podemos y queremos creer.
Hace poco participé, con otros compañeros y compañeras, en un taller formativo animado por Lita Gomez e Hilario Sáez dedicado a analizar de qué manera está presente el "enfoque de género" en nuestras asociaciones.
Lo cierto es que no salimos muy bien parados: es posible que hayamos incorporado un lenguaje no sexista, y hasta un discurso de rechazo a la violencia machista... pero nos falta un largo camino por recorrer en la vida y la práctica de nuestras organizaciones -que con frecuencia se estructuran conforme a un modelo "patriarcal"-, empezando por no "hacer como si nada", por no contribuir a la invisibilidad social del machismo.
Nuestras asociaciones puede que se dediquen a otras causas que -aparentemente- nada tienen que ver con la cuestión de género, pero vivimos y trabajamos en una realidad social en la que muchas mujeres sufren exclusión y violencia, en la que la igualdad sigue siendo un objetivo lejano, y casi inalcanzable para muchas mujeres, en la que el machismo sigue encontrando muchos silencios cómplices.
Personalmente, cuando esas noticias de violencia y muerte salen en la tele y en los periódicos, siento vergüenza por la parte que me toca, por formar parte de un mundo de machos, por haber reido los chistes machistas, por haber consentido en el menosprecio a las mujeres.
En aquel taller, tuve la oportunidad de conocer un corto cinematográfico del que había oido hablar mucho, que utilizan quienes trabajan para sensibilizar a la sociedad y especialmente a los varones en estas cuestiones de género.
Se trata de "Mi señora" y es una caricatura -muy realista- de lo que sigue ocurriendo en nuestro entorno próximo cada día, con la sonrisa cómplice y vergonzante de muchos.

lunes, 15 de diciembre de 2008

FANATISMO

Miro a mi alrededor -este "alrededor global" que nos toca vivir- y me asusta ver tanto fanatismo suelto.
Están los fanáticos de la religión, de la política, del nacionalismo, de la patria (grande o chica), de la pureza de la raza (la que sea), de la revolución o la contrarevolución, de la tradición, de las más diversas "causas sagradas"... pero también los de mi equipo de futbol, las fiestas de mi pueblo, el potaje manchego, la Guerra de las Galaxias, el grupo musical de moda...
Cualquier cosa sirve para convertirla en bandera, en dogma, en algo indiscutible por lo que -si hiciera falta- se le parte la cabeza al que se ponga por medio.
Pareciera que, cuando fallan los paradigmas y no tenemos donde agarrarnos en medio de tanta incertidumbre y desconcierto (¿llega el "Fin del Mundo"?), fuera imprescindible buscarse una tribu con la que atrincherarse en la primera cueva a mano.
Se diría que necesitamos establecer fronteras y líneas divisorias: los mios... y los otros, los extraños, los ajenos.
Los fanatismos -cuanto más "fundamentales" peor- son a menudo crueles, negativos, ignorantes, excluyentes...
Y lo son tanto más cuanto más minúsculas son las causas que escogen para depositar su fe ciega, cuanto más irracionales, cuanto más pueblerinas y catetas.
Son incompatibles con el pensamiento crítico, con pensar por cuenta propia, con cualquier forma de pensamiento.
No pretenden convencer, reclaman adhesión incondicional.
Y, si no te adhieres, entonces estás enfrente, eres mi enemigo, tengo que eliminarte.
Los fanatismos no saben escuchar, ni saben mirar, son sordos y ciegos a todo lo que no sea como ellos.
Pero, precisamente porque vivimos tiempos difíciles, hoy más que nunca necesitamos sumar y no restar.
Necesitamos reconocer que nadie posee la verdad, que todos tenemos una parte, solo una parte, mínima.
Necesitamos escucharnos y comprendernos en nuestra diversidad, necesitamos juntar nuestras razones para construir otras en las que podamos reconocernos todos.