lunes, 28 de julio de 2008

El Frente de Liberación de la Realidad

El fragmento que sigue es de una novela de ciencia-ficción titulada "Pequeños Héroes" escrita por Norman Spinrad en 1987:

“En definitiva, aquí estamos hoy, con suficientes robots de producción para sustituir a treinta millones de trabajadores, de los que se obtienen tres veces más productos de los que se pueden vender, y unos treinta millones de personas como tú, sin lugar donde guarecerse y preguntándose por qué...
-¿Estás diciendo que todos somos víctimas de una gigantesca estafa..?-preguntó.
-Así es –dijo Coopersmith, asintiendo con la cabeza-. Incluidos los idiotas que nos estafaron.
-Y el Frente de Liberación de la Realidad está para...¿para qué?- preguntó dudosa. Porque, ¿qué podía hacer un puñado de entusiastas en un sucio local de la Calle Lafayette para conseguir que retrocediera la gigantesca apisonadora de la historia?
-Para liberar la realidad lo mejor que podamos –contestó Coopersmith-.Para poner a nuestro pequeño diablillo electrónico a trabajar. Para destruir la viabilidad de la realidad oficial....En estos días, el sistema no es más que una inmensa red de software interconectada ¿no es cierto?¡Los bancos de datos, el sistema telefónico, los ordenadores de la Superintendencia de Contribuciones, los de los bancos, las ATMs, las redes de satélites, los registros de tarjetas de crédito, los de empresas de servicios públicos, la Bolsa, los intercambios comerciales, las pantallas electrónicas de noticias! Todo eso está en los bits y los bytes. Y donde hay bits y bytes, hay oportunidades para...
-¡Programas chinche! –exclamó Karen.
Coopersmith se echó a reír.
-¡Cientos de programas chinche, miles, millones , de chinches para el pueblo! Todos perforando la realidad oficial y convirtiéndola en un gran queso gruyere. Y cuando haya más agujeros que queso....
-La realidad se verá liberada!
-¡Renace el caos!
-Y entonces, ¿qué?- preguntó Karen.
Coopersmith miró a Leslie. Leslie miró a Coopersmith. Ambos con expresiones enloquecidas y ojos delirantes. Rieron como dementes y cantaron al unísono: ¡ENTONCES EMPIEZA VERDADERAMENTE LA DIVERSION!
-¿De veras estáis así de locos? –dijo Karen...”

Siempre me llamaron la atención en esta novela dos cosas: su anticipación de los virus informáticos (los "programas chinche") y de sus posibilidades como "arma" para destruir un sistema cibernetizado (como el nuestro), y -sobre todo- la existencia del Frente de Liberación de la Realidad, dedicado a abrir los ojos a la gente frente a la "realidad oficial".
No se si nuestro mundo presente se parece mucho al futuro que describía Norman Spinrad en 1987, aunque resultan sorprendentes muchos paralelismos, pero si creo que vivimos una época de la simulación, la apariencia y el eufemismo en la que la realidad está secuestrada por el poder y solo conocemos la "realidad oficial".
Pareciera que lo más importante sea mantener una precaria "paz social", a las masas tranquilas, a costa de maquillar u ocultar los datos de la descomposición de un sistema enfermo, insostenible, que hace aguas por todos lados.

jueves, 24 de julio de 2008

¿Cambio Social sin Cambio Personal?

La grande y la pequeña historia nos enseña que gran parte de los colectivos, asociaciones, organizaciones, movimientos sociales... se van al garete por factores que -sobre todo- tienen que ver con el protagonismo, la competencia, la falta de respeto, la intolerancia, el orgullo, la ausencia de diálogo, la descalificación... en suma, con un amplio muestrario de miserias personales.
Una de las formas tradicionales de crecimiento de las organizaciones y movimientos sociales ha sido y es la división: cuando no estamos de acuerdo, nos escindimos, cada cual por nuestro lado, convirtiéndonos
-a menudo- en enemigos, entrando en confrontación.
Parece evidente que cada persona, cada grupo, cada colectivo social tiene el derecho de pensar, decir y hacer lo que crea necesario para cambiar el mundo, sin someterse al pensamiento, al discurso o la acción de otras personas con quienes no se identifique.
Como la Naturaleza nos demuestra, la diversidad es riqueza, es fortaleza... aunque solo si es capaz de relacionarse entre si. El aislamiento -por el contrario- es el fin, supone la muerte.
Paulo Freire decía que la tolerancia es "la virtud de convivir con el diferente, para poder pelear con el antagónico. Porque si peleo con el puramente diferente de mi y dejo en paz al antagónico de nosotros, en primer lugar hago una pelea sin significación, y en segundo lugar me canso y pierdo la pelea con el antagónico, que es la pelea fundamental".
Aunque a muchas personas les cueste asumirlo, se acabaron los tiempos de los dogmatismos, los sectarismos, las imposiciones, las vanguardias visionarias poseedoras de La razón y La verdad.

Parece claro -especialmente en un mundo tan complejo- que el cambio social solo será posible como resultado de la convivencia y la cooperación de muchas fuerzas diversas del universo plural de los colectivos y movimientos sociales.
Así pues, el primer reto que enfrentamos para poder cambiar el mundo pasa por la aceptación de la diversidad y por
el aprendizaje del diálogo y la tolerancia, de la escucha y el respeto mutuo.
Pasa por un cambio personal y colectivo, de las personas y sus organizaciones.

lunes, 21 de julio de 2008

Los Torreznos

"Los Torreznos son un duo de exploración conceptual en el terreno social, político y de las costumbres más arraigadas.
Su punto de partida es la realidad más directa, incluida la familiar.
Los Torreznos son los Torreznos."

Esa es su autodefinición.
Pues eso... los Torreznos: Rafaél Lamata y Jaime Vallaure, que ya antes de 2000, "cuando se constituyen como Torreznos", habían formado parte -por separado y juntos- de otros colectivos de creación experimental y artística independiente, como la Zona de Acción Temporal o el Circo Interior Bruto.
Es difícil de explicar, pero todo se entiende más fácilmente si visitas su página, e incluso si te paseas por su blog.
Recomiendo encarecidamente detenerse un ratito en su página, en la sección "Trabajos", y echarle un vistazo a los pequeños videos con fragmentos de piezas como "Energía Española Normal", "La Noche Electoral", "El Dinero", o -mi preferida- "La Cultura", un retrato hiperrealista del discurso cultural al uso.
Me parece todo un reto -a estas alturas- hacer pensar al personal sobre el mundo que vivimos y hacerlo con/desde el más irreverente y subversivo sentido del humor.
Ellos definen su forma de trabajar como "la paradoja irónica; lo sencillo acaba generando cierto malestar difícil de definir. Siempre hay una segunda lectura."
Desde esta página, mi respeto y homenaje para estos arriesgados y valientes creadores contemporáneos (y sin embargo amigos).

lunes, 14 de julio de 2008

13 cambios necesarios para que cambie el Movimiento Asociativo


Hace 3 años, mirando la la realidad de nuestro tejido asociativo, escribí estas 13 notas, que han causado bastante escándalo allí donde se me ha ocurrido presentarlas. Hoy vuelvo a revisarlas, y me siguen pareciendo oportunas, no solo para mirar a las otras sino para servirnos de espejo y mirarnos directamente a la cara.

1. Dejar de pensar que todo lo hacemos bien, que eso de que participe poca gente en el Movimiento Asociativo, en nuestras asociaciones, es problema de la gente y no nuestro. No basta con la buena intención. Hay que estar dispuestas a revisar (y cambiar), con humildad y realismo, con sentido crítico, nuestra forma de pensar, nuestro discurso y nuestra práctica. Las personas que no estén dispuestas a cambiar, que dejen de perder el tiempo y se vayan a su casa.

2. Dejar de tocar de oído, de pensar que –porque sí, porque somos especiales- conocemos mejor que nadie a la gente para la que trabajamos y lo que la gente necesita. Preguntar y escuchar. Escuchar y preguntar. Antes, durante y después. Revisar el contenido y la formulación de nuestros objetivos (que, a mucha gente, le suenan a palabrería vacía).

3. Cambiar nuestros lenguajes, dejar de hablar en nuestra jerga, como si todo el mundo tuviera la misma información y nuestra forma de entender la realidad, y/o fueran tontas. Hablar en el lenguaje de la gente para la que trabajamos, el que hablamos para entendernos en la vida cotidiana.

4. Cambiar nuestra forma de trabajar. Trabajar juntas, escucharnos, no competir entre nosotras, complementarnos, trabajar en equipo. No a presidentes/as (y dirigentes/as) imprescindibles y vitalicios/as. Quienes dirigen las asociaciones tienen una tarea fundamental: trabajar para facilitar la participación de las demás. Sin participación, las asociaciones son una mierda. Participación, diálogo, negociación, consenso.

5. Dejar de darle coba a la Administración. Dejar de cuidar tanto las relaciones públicas “políticamente correctas”. Mimar nuestra independencia (lo que no quiere decir, tampoco, llevar siempre la contraria, sino decir lo que hay que decir cuando hay que decirlo). Mirar (escuchar, observar, oler, palpar, sentir...) mucho más a la gente por la que trabajamos. Menos despacho, más calle (más presencia –física, virtual...- allí donde están las personas que queremos convencer, movilizar, implicar...).

6. Dejar de pensar que lo sabemos todo, que la experiencia (larga) nos convierte en infalibles o que todo es cuestión de voluntad, de “echarle güevos”. Formarnos para hacer mejor lo que hacemos y para hacer nuevas cosas. Desaprender todos los viejos vicios acumulados (dogmatismos, sectarismos, dirigismos, verticalismos, centralismos, vanguardismos, burocratismos, y otros ismos). Aprender, con humildad, lo que haga falta para hacer mejor lo necesario.

7. Dejar de mirar a las otras asociaciones desde la desconfianza, cambiar la competición por la cooperación. Dejarse de protagonismos mediocres. Compartir información y recursos. Aprovecharse mutuamente. Apoyarse solidariamente. Todas estamos en la misma lucha: cambiar, mejorar el mundo que nos rodea. Trabajar en redes.

8. Dejar de creer que toda la gente sabe (o debe saber) lo que hacemos, por qué lo hacemos, para qué lo hacemos y para quien lo hacemos. Dar prioridad a la comunicación interpersonal y a la comunicación masiva, a las relaciones, a la comunicación entre miembros y a su comunicación con la gente a la que nos dirigimos.

9. Dejar de hacer cosas cutres. No todo vale en el trabajo voluntario. Cuidar la “calidad” de nuestros proyectos, su adecuación a las necesidades reales de la gente para la que trabajamos, su eficacia, sus resultados. Planificar y evaluar. No a la improvisación y la chapuza, si a la imaginación y la creatividad, si a la organización del esfuerzo.

10. Dejar de depender -casi por completo en muchos casos- de las subvenciones públicas. Al menos, empezar por cambiar el actual sistema de subvenciones (arbitrario, clientelista, opaco, burocrático, sectario...). Desarrollar fuentes de recursos propios (implicar a la gente para la que trabajamos), diversificar nuestras actuales fuentes de recursos, buscar nuevas fuentes. Garantizar, por todos los medios, la transparencia en la gestión de los recursos. Cada chanchullo, cada sinverguenza, nos agrede a todos.

11. Dejar de mostrar una imagen lastimera, mendicante, cutre, amargada y aburrida de las asociaciones (que no puede motivar a nadie). Abandonar la “mística” del sacrificio, reconocer que “nos va la marcha”, que nos gusta esto de juntarnos con otras personas para cambiar las cosas. Practicar el sentido del humor y la fiesta. Construir asociaciones alegres, marchosas y divertidas.

12. No tirar todo por la borda. No pasarse al otro extremo. No olvidarse de todo lo aprendido (malo....y bueno) en todos estos años (muchos) de vida del Movimiento Asociativo, de los Movimientos Sociales. Pero no esforzarse por mantener nada de lo que no sirve al cambio y la transformación social en este momento histórico que vivimos.

13. Abandonar todo prejuicio hacia las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación. Poner todo el cuidado respecto a la adecuación y la ética de su uso. Tomar al asalto las NTIC. Hacerlas nuestras. Incorporarlas a nuestra práctica diaria, convertirlas en aliadas de nuestra comunicación interna, de nuestra comunicación con la gente para la que trabajamos, con otras asociaciones y colectivos, transformarlas en una herramienta que facilite nuestra comunicación con el mundo.

jueves, 10 de julio de 2008

El Monje Sensible

Este cuento lo recoge Alejandro Jodorowsky en un libro (¡fantástico!) que se llama "Cabaret Místico":

"Un discípulo absorbe las enseñanzas de su viejo maestro y desarrolla, de manera excepcional, su sensibilidad.Como deja de acudir al templo donde él y sus camaradas suelen meditar cada día guiados por un sabio anciano, éste va a su casa y lo encuentra, sufriente, en cama.

-Muchacho, se te ve profundamente deprimido...¿Qué te sucede?


-Ay, gran maestro... mi sensibilidad está tan aguzada que se ha unido al planeta. Siento en mi carne todos los dramas: gente que muere de hambre, guerras, asesinatos, polución, drogas, niños explotados... no puedo más. Cada suceso negativo, aunque sea en el último rincón del mundo, se me clava como una aguja en la carne...

-¡Necio, has desarrollado la sensibilidad solo para captar lo negativo! Crees que ser santo es solo sufrir por el dolor de los otros, pero en este momento en el mundo están ocurriendo también multitud de cosas maravillosas... Tu cuerpo debería sentirlas como energéticas caricias... Nuestro planeta sigue girando alrededor del sol, una mitad en la noche y la otra en el día."


Y el cuento "viene a cuento" porque, quienes trabajamos en la acción social, en los movimientos sociales, tenemos la responsabilidad de contribuir a que, todos y todas, abramos los ojos y tomemos conciencia de los problemas del mundo, que son muchos y muy graves en este momento que vivimos.
Pero también es necesario que ayudemos a descubrir la otra cara, la de la solidaridad, la bondad, el amor, la alegría... la de la lucha por un mundo mejor.
Una cosa sin la otra conduce al fatalismo y la desesperanza, nos hace impotentes para realizar ningún cambio, para soñar y construir nada que merezca la pena.
Así pues, nos toca aprender a mirar de otra manera, a buscar -en medio de tanto dolor y miseria- las buenas noticias, las cosas maravillosas, los puntos positivos en los que apoyarnos para mover el mundo.

lunes, 7 de julio de 2008

En la duna (un instante)

Todo el mundo duerme.
Se levanta muy despacio y se viste en silencio.
No tira de la cisterna, para no hacer ruido.
Se enrolla un pañuelo al cuello, antes de abrocharse hasta el último botón del abrigo.
Sale al camino de grava, bordeado de cañas de bambú, que va hasta el portón.
Allí comienzan las dunas.
Las primeras luces difuminan las sombras.
Hace frío.
Camina con la manos en los bolsillos, tanteando sus pasos para no tropezar.
Deja el camino buscando el hueco de una duna escondida.
Se sienta en postura de meditación.
El viento de enero peina la arena.
Al fondo, el rumor constante y profundo del mar.
Deja vagar la mente hasta que se disuelve en la duna.
Respirando.

sábado, 5 de julio de 2008

PODER CIUDADANO

Estas pasadas semanas me ha tocado trabajar de nuevo los temas de la Participación Ciudadana a cuenta de los procesos que estamos apoyando, desde el CRAC en diferentes lugares.
En los últimos 15 años se han elaborado miles de reglamentos de participación, se han creado multitud de consejos sectoriales o barriales, se han puesto en marcha numerosos presupuestos participativos y no hay ayuntamiento que se precie que no cuente con una concejalía dedicada a la Participación Ciudadana.
Todo ello debiera haber transformado muchas poblaciones en espacios vivos de inteligencia colectiva y participación ciudadana.
Sin embargo -en mi opinión- no ha servido para producir un cambio significativo en el desarrollo de la democracia participativa, y, en la inmensa mayoría de nuestros pueblos y ciudades -más allá del color de quien gobierna- continúan predominando las formas autoritarias y verticales de entender y ejercer el poder político.
Es, como digo, algo que trasciende a la derecha o la izquierda: el poder se concibe como algo que se disputa y se gana -frente al adversario político- en cada cita electoral, y que tiene por objetivo controlar la mayor cantidad posible de decisiones en el máximo número posible de ámbitos de la vida colectiva.
Esa concepción acumulativa del poder, profundamente arraigada en la mentalidad de quienes gobiernan o aspiran a gobernar, es probablemente el principal obstáculo para el desarrollo real de la Participación Ciudadana.
Apostar por ella, por la democracia participativa, implica otra manera de entender y ejercer el poder: como algo que se comparte y se reparte, un poder que es tanto más fuerte cuantas más personas participan en la construcción colectiva de las decisiones y en su ejecución.
Quienes nos gobiernan son escasamente demócratas, aunque pasen por las urnas cada cuatro años, y suelen tener mucho miedo a la Participación Ciudadana, a compartir el poder, a tener que dialogar y negociar las decisiones, a perder el control de la situación.
Mientras tanto, en la inmensa mayoría de los casos, la Participación Ciudadana es una expresión vacía, un eufemismo más en esta sociedad de la simulación y la apariencia en la que lo importante es que "parezca que pasa", aunque realmente no pase nada .